El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, afirmó que la ola ultra en España, impulsada por la derecha y la extrema derecha, «ya no crece: se desmorona». Esta declaración se produce en un contexto electoral, ya que Sánchez se juega su cargo en las elecciones generales del 29 de noviembre.
A pesar de que las encuestas pronostican un triunfo de la derecha, se espera que no logren una mayoría absoluta, lo que obligaría a estos partidos a buscar el apoyo de la extrema derecha para formar gobierno. Sánchez adelantó las elecciones tras la reciente derrota en el Parlamento, donde se rechazó un paquete de medidas para abordar la crisis de acceso a la vivienda en España.
La campaña electoral ha estado marcada por la reciente catástrofe ferroviaria en Urda, que dejó al menos 69 muertos y se considera el segundo accidente grave de trenes de alta velocidad en menos de un año. Este trágico evento ha generado un clima de tensión y preocupación en el país.
En medio de esta situación, el miércoles por la noche, el ministro de Transportes, Óscar Puente, anunció su dimisión, lo que añade más incertidumbre al panorama político. La salida de Puente, un cercano colaborador de Sánchez, podría tener repercusiones en la estrategia electoral del partido socialista.
La combinación de la crisis de vivienda, la tragedia ferroviaria y el inminente proceso electoral plantea un desafío significativo para Sánchez y su partido. La respuesta del electorado será clave para determinar el futuro político de España en las próximas semanas.

