En Zaña, una ciudad colonial del norte de Perú, los fieles esperan la visita del papa León XIV como una bendición. Este encuentro, programado para el sábado 14 de noviembre, representa una oportunidad para que la comunidad, que ha lidiado con una reputación de estar maldecida, celebre la fe y la historia que los une.
Las calles de Zaña, con una población de 4,200 habitantes, lucen solitarias, pero en su interior se encuentran las ruinas de cuatro iglesias coloniales, vestigios de su antigua prosperidad. La ciudad, que fue devastada por una inundación siglos atrás, tiene una identidad marcada por el catolicismo, en parte por la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo en 1606, un misionero español que defendió a los indígenas.
María Colchado, ama de casa de 63 años, expresa que «la maldición quedó atrás» y se siente bendecida por la inminente llegada del papa. Junto a otros voluntarios, se encarga del mantenimiento del templo que recibirá al sumo pontífice, el cual presenta un altar con un retablo dorado y vitrales de colores que iluminan su interior.
El sacerdote Edinson Farfán, actual obispo de Chiclayo, supervisa el estado del templo y asegura que «el santo padre tiene en su corazón a Zaña». La comunidad se ha unido para mostrar lo mejor de su localidad, que se prepara para recibir a los peregrinos que llegarán para el evento.
León XIV concluirá su primera gira por Latinoamérica en Perú, que también incluye visitas a Uruguay y Argentina, a pesar de haber sido operado de cáncer de pulmón hace tres semanas. Zaña se encuentra a unos 50 kilómetros al sureste de Chiclayo, donde el obispo Robert Prevost sirvió entre 2015 y 2023.
Los habitantes han confeccionado cientos de banderas del Vaticano que ondearán junto a las peruanas en sus hogares. Betty Burga, miembro de un comité organizador, anticipa un «mar de gente» para la ocasión.
La historia de Zaña incluye tragedias, como la destrucción de sus iglesias en 1720, que los lugareños atribuyen a un castigo divino. La profesora Rosario Cossio, responsable del Museo Afroperuano, menciona que la fama de «ciudad maldita» proviene de un asesinato de un sacerdote en la época colonial, lo que llevó a la ausencia de religiosos en la localidad.
A pesar de su pasado, Zaña es ahora una comunidad devota. En el municipio y la iglesia principal, donde se conserva un fragmento de la tibia de Santo Toribio, se exhiben gigantografías del santo y del papa. La parroquia ha hecho un llamado a los fieles para que abran sus puertas a los peregrinos.
María Colchado y su familia están listos para recibir a una treintena de visitantes en su hogar, donde cultivarán vegetales de su huerto para las comidas. «Estamos preparados» para la llegada del papa, afirma con entusiasmo.

