Italia está impulsando la construcción de un puente sobre el estrecho de Mesina, que conectaría Sicilia con Calabria, con una inversión de 13,500 millones de euros. Este proyecto, que busca ser presentado como una inversión estratégica vinculada a la defensa, se enmarca en un contexto donde la OTAN presiona a sus miembros europeos para aumentar su gasto militar. La obra fue aprobada por el Gobierno de Giorgia Meloni en agosto de 2025.
El puente, que sería el más largo del mundo con una longitud total de 3.7 kilómetros y un tramo suspendido de 3.3 kilómetros, ha sido objeto de debate durante décadas, enfrentando cuestionamientos por razones económicas, ambientales y políticas. La idea de cruzar el estrecho tiene un antecedente histórico, ya que se dice que los romanos utilizaron plataformas de madera para trasladar elefantes cartagineses desde Sicilia hacia Roma alrededor del año 250 a.C..
Implicaciones para la defensa
El Gobierno italiano argumenta que esta conexión terrestre y ferroviaria podría ser crucial para la movilidad militar, dada la posición estratégica de Sicilia en el Mediterráneo. En la cumbre de La Haya de 2025, los aliados de la OTAN acordaron que los países deben invertir el 5 % de su producto interno bruto en defensa para 2035, lo que incluye gastos en infraestructura crítica.
Sin embargo, críticos del proyecto señalan que se trata de una forma de contabilidad creativa, al convertir una obra pública en gasto de defensa para aliviar la presión presupuestaria. Europa enfrenta el desafío de aumentar su gasto militar mientras lidia con deudas elevadas y tensiones políticas internas.
La presión de la OTAN para elevar el gasto militar ya está afectando los presupuestos europeos, con países como Alemania avanzando más rápido que otros como el Reino Unido y Francia. España, por su parte, se muestra renuente a asumir plenamente la nueva meta de gasto.
Desafíos y futuro del proyecto
El proyecto es defendido por Meloni y el ministro de Infraestructura, Matteo Salvini, quienes destacan su potencial para transformar el sur de Italia, mejorar la conexión con Sicilia y generar empleo. El puente está diseñado para permitir el paso de miles de vehículos y cientos de trenes al día, y sería construido por un consorcio que incluye a la italiana Webuild, la española Sacyr y la japonesa IHI.
No obstante, el camino hacia la construcción del puente está lleno de obstáculos. En junio de 2026, se reportó que el proyecto enfrenta retrasos y objeciones de la Corte de Auditores italiana, además de una investigación de corrupción relacionada con el proceso. La Corte de Auditores había rechazado previamente autorizar el proyecto en 2025 por dudas sobre su cumplimiento con normas europeas y el aumento de costos respecto al valor estimado en el concurso original de 2005.
A pesar del respaldo político, no se espera que los trabajos comiencen pronto, lo que deja en el aire el futuro de esta ambiciosa obra de infraestructura.
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