Una reflexión sobre la falta de compromiso en la vida de algunas personas ha surgido en el debate público dominicano, centrándose en aquellos que evitan definiciones y causas, adoptando una filosofía de vida tibia. Este fenómeno se ha discutido recientemente con el embajador y comunicador Marino Berigüete, quien recordó la representación de los ignavi en la obra de Dante Alighieri, donde estas almas son condenadas a la irrelevancia por no tomar partido en vida.
La imparcialidad, aunque valorada, no debe confundirse con la ausencia de principios. Un juez, por ejemplo, debe ser imparcial entre las partes, pero su compromiso debe ser con la justicia. Aquellos que se presentan como neutrales en todos los escenarios son vistos con desconfianza, ya que la historia ha sido forjada por quienes asumen riesgos y defienden causas justas.
El costo de la indiferencia
Los ignavi, según Dante, son quienes nunca se comprometieron, ni con el bien ni con el mal, y su castigo es permanecer en un estado de irrelevancia. Esta falta de acción y decisión les impide hacer historia, limitándose a observar desde la acera. En la política dominicana, muchos se identifican con esta actitud, presentándose como independientes mientras actúan como oportunistas.
Estos personajes confunden la prudencia con la cobardía, y su habilidad principal es mantenerse cerca del poder, sin importar quién lo ejerza. Sin embargo, la historia eventualmente cobra factura a quienes no sostienen convicciones, ya que toda comunidad necesita individuos dispuestos a asumir responsabilidades, incluso a costa de su comodidad.
La indiferencia no es una virtud, sino una renuncia a la acción y al compromiso. Esta advertencia no solo se encuentra en la literatura, sino también en las Escrituras, donde se menciona que los tibios serán rechazados. La frase del Apocalipsis resuena con fuerza: “Porque no eres frío ni caliente, sino tibio, te vomitaré de mi boca”.

