La crisis en Cuba se agrava con la salida de varias empresas hoteleras de España, Canadá y otros países que han decidido desvincularse de la administración de hoteles en la isla. Esta situación se suma a la escasez de combustible, exacerbada por las amenazas de Estados Unidos a quienes envían crudo a Cuba.
El Gobierno de Donald Trump ha anunciado sanciones para las empresas que mantengan relaciones con el Gobierno cubano, enfocándose especialmente en el conglomerado Gaesa. El 5 de junio, Estados Unidos finalizó un periodo de gracia para que las empresas extranjeras rompieran lazos con Cuba antes de enfrentar represalias.
Las medidas impuestas por Trump el 1 de mayo afectan a entidades que operan en sectores clave como energía, defensa, minería y servicios financieros en la isla. Las empresas tenían hasta el 5 de junio para deshacer sus vínculos con el Gobierno cubano.
Esta presión se suma a la ya complicada situación económica de Cuba, que enfrenta múltiples desafíos. La administración estadounidense ha dejado claro que aquellos que continúen haciendo negocios con el Gobierno cubano y con Gaesa, que está bajo sanciones, podrían ver bloqueados sus activos en Estados Unidos.
La salida de estas empresas hoteleras representa un golpe significativo para el sector turístico cubano, que depende en gran medida de la inversión extranjera. La incertidumbre sobre el futuro del turismo en la isla se intensifica con cada nueva medida de presión.
Este escenario plantea un panorama complicado para la economía cubana, que ya se encuentra en crisis. La combinación de sanciones y la falta de recursos podría tener consecuencias duraderas en la industria hotelera y en la economía en general.

