La política dominicana enfrenta una crisis de liderazgo tan profunda que hoy cualquiera se siente con la posibilidad de aspirar a la presidencia de la República. Con dinero, un par de asesores y el respaldo de algunos grupos económicos, muchos creen tener el derecho a dirigir el país, aunque comprar publicidad no equivale a tener la capacidad para gobernar.
La Presidencia no es un concurso de popularidad ni un negocio. Se requiere preparación, experiencia, carácter y un auténtico liderazgo. La situación se agrava con la contribución de los partidos tradicionales, que han priorizado la mediocridad y la adulonería en lugar del talento y la integridad, lo que ha permitido la aparición de outsiders que amenazan con desplazar a sus dirigentes.
Consecuencias de la crisis de liderazgo
Los outsiders no aparecen de la nada; son el resultado del fracaso de los partidos para entender las aspiraciones de la ciudadanía. Figuras como Nayib Bukele y Donald Trump han desafiado las estructuras políticas tradicionales en sus países, lo que plantea la pregunta de si algo similar podría ocurrir en República Dominicana.
En las elecciones presidenciales de 2024, cerca del 46% del electorado se abstuvo de votar, lo que refleja una señal que no debe ser ignorada por los partidos. El PRM, el PLD y la Fuerza del Pueblo deben reconocer que la sociedad no está obligada a votar por las mismas caras y promesas de siempre.
El verdadero problema radica en que algunos intentan sustituir el liderazgo con dinero y propaganda, ignorando que tener recursos no convierte a nadie en un estadista. La República Dominicana necesita menos aspirantes creados por el marketing y más líderes con preparación y compromiso.
La necesidad de un cambio
Los partidos tradicionales deben renovarse y abrir espacio a nuevos talentos para recuperar la confianza de la ciudadanía. De lo contrario, continuarán alimentando el rechazo que amenaza su legitimidad y permanencia política.
El dinero puede financiar campañas y crear imágenes, pero ninguna de esas cosas garantiza la capacidad de gobernar. Cualquiera puede soñar con ser presidente, pero no todos tienen lo necesario para dirigir la República Dominicana.

