Aldrich Ames, el exagente de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) condenado a cadena perpetua por traición, falleció el lunes en custodia a los 84 años, según informaron las autoridades penitenciarias estadounidenses.
Ames trabajó durante 31 años como analista de contrainteligencia. En 1994, fue sentenciado junto a su esposa, Rosario, por vender secretos a la Unión Soviética entre 1985 y 1993 a cambio de más de 2.5 millones de dólares.
Su traición comprometió numerosas operaciones secretas y resultó en la muerte de al menos una docena de agentes dobles que colaboraban con Washington.
Durante su carrera, Ames ocupó el cargo de jefe de la rama soviética en el grupo de contrainteligencia de la CIA.
Su estilo de vida lujoso, que incluía cuentas bancarias en Suiza y un automóvil Jaguar, despertó sospechas entre sus superiores.
Acumulaba 50,000 dólares anuales en facturas de tarjetas de crédito, lo que llevó a las autoridades a investigar su conducta.
Los fiscales federales afirmaron que Ames continuó vendiendo información a Rusia tras la caída de la Unión Soviética, hasta que fue descubierto en 1994.
Su desinformación afectó las decisiones de varios presidentes estadounidenses, incluyendo a Ronald Reagan y George H.
W. Bush, quienes recibieron información incorrecta sobre las capacidades militares soviéticas.
El caso de Ames intensificó las tensiones entre Washington y Moscú en un momento crítico, cuando ambos países intentaban normalizar sus relaciones tras la disolución de la URSS en 1991.
El entonces director de la CIA, James Woolsey, renunció debido al escándalo, al negarse a despedir o degradar a colegas implicados en el caso.
El expresidente Bill Clinton calificó el caso de Ames como muy grave, advirtiendo que podría perjudicar las relaciones con Moscú.
En respuesta, un diplomático ruso minimizó el incidente, describiendo a los estadounidenses como extremadamente emocionales.
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