El debate político, social y cultural en la República Dominicana se ha trasladado de los medios tradicionales a las plataformas digitales, donde YouTube, TikTok y el streaming son ahora los principales escenarios de disputa por la opinión pública. Así lo afirma el comunicador Nelson del Pozo Guzmán, quien sostiene que creadores de contenido e influencers ejercen una influencia comparable, e incluso superior, a la de partidos políticos y medios tradicionales.
Del Pozo Guzmán utiliza la teoría de la «guerra de posiciones» del filósofo italiano Antonio Gramsci para explicar cómo diferentes sectores sociales construyen su propio «sentido común» a través de comunidades digitales que responden a intereses y realidades diversas. En este contexto, el liderazgo de figuras como Santiago Matías (Alofoke) ha surgido como nuevos referentes sociales para los sectores populares, mientras que plataformas como Somos Pueblo atraen la atención de la clase media interesada en la fiscalización del Estado y la transparencia.
Según el comunicador, estos fenómenos han transformado la credibilidad, desplazando el protagonismo que durante décadas tuvieron periódicos, universidades y organizaciones políticas. Además, el concepto del «tíguere» dominicano ha evolucionado, ya que ahora incluye a empresarios, políticos, funcionarios y creadores digitales que utilizan la astucia y la cercanía con la ciudadanía para ganar influencia.
El debate público ha dejado de ser vertical, donde una élite orientaba a la sociedad, para convertirse en una competencia horizontal entre diversos actores que buscan imponer su narrativa. Del Pozo Guzmán sostiene que el algoritmo de las plataformas digitales se ha convertido en el nuevo espacio donde se define la agenda nacional.
Ministros, legisladores y dirigentes políticos observan con mayor atención el impacto de transmisiones en vivo, podcasts y contenidos virales, debido a su capacidad para influir en la percepción ciudadana. Esta realidad ha obligado a los actores tradicionales del poder a adaptar su lenguaje y estrategias de comunicación para conectar con las audiencias digitales.
Aunque reconoce que las redes sociales han democratizado la participación pública, Del Pozo Guzmán advierte sobre la fragmentación social que han generado. Las comunidades digitales funcionan como burbujas donde cada grupo consume información acorde a sus intereses, dificultando la construcción de un relato nacional compartido.
Asimismo, alerta sobre el riesgo de que el éxito económico del streaming y la monetización de contenidos reemplacen el análisis profundo por el espectáculo y el contenido diseñado para captar clics. El análisis concluye que la verdadera disputa por el poder ya no se libra únicamente en partidos políticos o medios tradicionales, sino en el ecosistema digital.
Para Del Pozo Guzmán, quien logre dominar las plataformas y conectar con el «sentido común» de los ciudadanos tendrá una ventaja determinante en la formación de la opinión pública y, eventualmente, en los procesos electorales de 2028.

