El sistema de protección laboral en la República Dominicana enfrenta serias dificultades en la salud de los trabajadores, a pesar de los discursos oficiales que prometen expansión y mejoras en los servicios. La situación se torna crítica cuando se observa la realidad de enfermeras que paralizan labores por falta de recursos, hospitales operando bajo presión y pacientes que son desplazados dentro de la red de salud.
La Ley 87-01, que organiza el financiamiento del sistema, introduce la cápita diferenciada como un avance, pero en la práctica esto reordena quién paga, generando incertidumbre para los trabajadores. Cuando la enfermedad llega, muchos se encuentran con que lo que parecía estar cubierto ahora depende de su salario y de su familia, convirtiendo el costo en una preocupación diaria.
Desafíos en la gestión y atención
El modelo de gestión, regido por la Ley 42-01, también presenta fracturas. Aunque se amplían los servicios y se incrementa la nómina, los pacientes se enfrentan a personal agotado y decisiones tomadas bajo presión. Este cansancio y sobrecarga del personal se traduce en una atención deficiente, donde la sensación de cuidado se ve comprometida.
En cuanto al modelo de atención, la red de salud no logra contener a los pacientes, sino que los concentra, generando traslados y esperas innecesarias. La prevención se menciona solo cuando la enfermedad ya ha avanzado, y el tiempo clínico se acorta, debilitando la confianza de los pacientes en el sistema de salud.
Impacto en la vida de los trabajadores
La sobrecarga del personal y la inequidad en el acceso a servicios de salud son problemas persistentes que se agravan con el tiempo. Las enfermedades crónicas, como la diabetes y el cáncer, representan no solo un desafío clínico, sino una carga emocional y económica para las familias, que deben decidir entre esperar atención o pagar de su bolsillo.
A pesar de que el país se proyecta como un destino de turismo de salud, la presión interna del sistema es evidente. La pregunta que surge es cómo se puede mostrar un sistema confiable al mundo cuando quienes lo utilizan a diario lo experimentan como incierto.
Desde una perspectiva crítica, el crecimiento del sistema de salud no es suficiente; es crucial analizar cómo se distribuyen sus beneficios y cargas. La expansión en servicios no debe ir acompañada de una reducción en el cuidado, ya que esto redefine el pacto sanitario y afecta la vida de los trabajadores.
En el Día del Trabajo, es fundamental reflexionar sobre si se está construyendo un sistema que realmente protege la vida del trabajador o uno que simplemente administra el costo de su enfermedad. La realidad es que cuando el sistema no resuelve, el trabajador asume la carga, y esto plantea serias interrogantes sobre la efectividad del sistema de salud en el país.

