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Señales de que comes por ansiedad y no por hambre

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Comer sin tener **hambre** puede parecer algo común, pero es importante prestar atención a las señales que indican que esto puede ser un problema.

Muchas personas recurren a la comida como una forma de enfrentar la **ansiedad**, la **soledad**, el **estrés** o la **tristeza**.

Sin embargo, es fundamental saber diferenciar entre el hambre física y el hambre emocional.

La psicóloga clínica y bariátrica, Hilary Solano, señala que el hambre física se presenta de manera **gradual**.

Se manifiesta con síntomas claros como un **vacío estomacal**, **debilidad**, **irritabilidad** o **dificultad para concentrarse**.

Además, es flexible, ya que cualquier alimento puede satisfacerla y la sensación de saciedad llega de forma natural.

Por otro lado, el hambre emocional aparece de manera **repentina** y está relacionada con emociones específicas.

A menudo, no se siente saciedad, sino **culpa** o **malestar**. Aunque ambas formas de hambre pueden mezclarse, observar el contexto y lo que ocurre después de comer puede ayudar a diferenciarlas.

Señales de alerta

Según la especialista, el comer emocional está vinculado a **emociones negativas** y a dificultades en la regulación emocional.

Esto ocurre cuando la persona no encuentra otras maneras efectivas de manejar sus sentimientos. La comida puede ofrecer un alivio rápido, pero si se convierte en la principal forma de lidiar con el malestar, puede generar un ciclo de alivio momentáneo y culpa.

Existen señales que indican que este comportamiento puede volverse problemático. Entre ellas se encuentran el comer para calmar emociones de manera frecuente, sentir **pérdida de control** al comer, y experimentar **culpa** o **vergüenza**.

También es preocupante cuando se esconde comida o se come a solas por miedo a ser juzgado.

Cuando estos patrones afectan la **salud física**, la **autoestima** o la vida social, es crucial buscar atención clínica.

La psicóloga advierte que si hay un malestar significativo y repetido, ya no se trata de un hábito aislado, sino de algo que merece atención profesional.

Estrategias para el cambio

Es posible romper este ciclo adoptando estrategias adecuadas. Solano recomienda aprender a identificar el **disparador emocional** y ponerle nombre a lo que se siente.

Hacer una pausa antes de comer puede ser muy útil. Preguntarse: “¿Qué necesito realmente ahora mismo?” puede ayudar a clarificar la situación.

A veces, la necesidad no es comida, sino **descanso**, **contención** o una **pausa mental**. Llevar un registro de situaciones que desencadenan el hambre emocional y establecer una estructura de alimentación regular puede prevenir niveles altos de vulnerabilidad fisiológica.

Desarrollar habilidades de regulación emocional, como la **respiración**, el **mindfulness** y el apoyo social, también es beneficioso.

Cuando el patrón se repite o genera pérdida de control, la **terapia cognitivo-conductual** es un tratamiento respaldado para el trastorno por atracón, y enfoques como la **DBT** pueden ser útiles en casos de alta desregulación emocional.

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