Rusia busca aumentar su influencia diplomática en Oriente Medio mientras desarrolla negocios energéticos con Estados Unidos, lo que genera inquietud en Europa por el impacto en las sanciones impuestas a Moscú tras la invasión de Ucrania. El canciller ruso, Serguéi Lavrov, se reunió el lunes en Teherán con su homólogo iraní, Abbas Araghchi, para discutir la guerra entre Irán y Estados Unidos e Israel, así como la seguridad en el golfo Pérsico.
La visita de Lavrov coincide con el reciente acuerdo anunciado por el presidente estadounidense, Donald Trump, que facilita el suministro de diésel ruso a mercados internacionales, a pesar de las restricciones económicas impuestas a Moscú. Este acuerdo, anunciado el 9 de octubre, busca aliviar los precios de los combustibles afectados por la guerra en Oriente Medio.
El Kremlin confirmó el reinicio de envíos de diésel, mientras que Washington suspendió la implementación de nuevas sanciones, una decisión que ha sido criticada por líderes europeos y por el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, advirtió sobre el riesgo de que los ingresos energéticos fortalezcan las finanzas rusas durante el conflicto.
Además, representantes de Rusia y Estados Unidos han discutido posibles negocios relacionados con los gasoductos Nord Stream y activos de la petrolera Lukoil. Sin embargo, estas conversaciones no han resultado en acuerdos definitivos, y Alemania se opone a la reactivación de los gasoductos que anteriormente suministraban gas ruso a Europa.
Antes de su visita a Teherán, Lavrov participó en una reunión en Baréin con países del Consejo de Cooperación del Golfo, donde se solicitó a Rusia que use su influencia sobre Irán para reducir los ataques en la región y facilitar la navegación por el estrecho de Ormuz, vital para el comercio mundial de petróleo y gas.
La reapertura plena de esta vía marítima depende de medidas estadounidenses, mientras que persisten desacuerdos sobre el programa nuclear iraní. Lavrov reafirmó el apoyo de Moscú a su asociación estratégica con Irán y propuso fortalecer mecanismos regionales de seguridad, aunque no se anunció un acuerdo para poner fin a la guerra.
El acercamiento comercial de Rusia con Estados Unidos la coloca en una posición única, ya que mantiene relaciones estratégicas con Teherán al tiempo que negocia intereses energéticos con Washington. Los gobiernos europeos temen que las concesiones económicas a Moscú debiliten la presión sobre Rusia sin avances claros en Ucrania.

