La República Dominicana ha experimentado un notable crecimiento, pero surge una pregunta crucial: ¿este crecimiento responde a una visión de país o a decisiones parciales?
Una economía puede expandirse sin un orden claro y puede mostrar buenos números mientras ignora cuestiones vitales sobre su sostenibilidad y dirección.
Durante un reciente almuerzo de la Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana (AMCHAMRD), Ligia Bonetti destacó que el futuro del desarrollo del país no solo depende de sus recursos, sino de la credibilidad con la que se gestionen.
La geografía y la estabilidad no son suficientes si el país no genera confianza y capacidad de ejecución.
La realidad actual va más allá de la manufactura y los incentivos. La República Dominicana debe transitar de un crecimiento basado en circunstancias favorables a uno sostenido por decisiones estratégicas.
Esto implica convertir oportunidades en políticas y expectativas en institucionalidad.
La minería en el debate nacional
Es fundamental incluir la minería formal en la conversación nacional. Durante mucho tiempo, el debate ha estado polarizado entre defensores que enfatizan el empleo y críticos que ven la minería como una amenaza al desarrollo.
Ambas posturas son insuficientes para construir soluciones efectivas.
El desarrollo moderno requiere una base material sólida. No hay infraestructura sin insumos ni transición energética sin minerales estratégicos.
Un país puede decidir cómo aprovechar su subsuelo, pero no puede ignorar su importancia en el desarrollo.
Reconocer la realidad de la minería no le otorga automáticamente legitimidad. La legalidad es necesaria, pero no suficiente.
El verdadero desafío radica en la credibilidad, que se mide en la transparencia y en la capacidad de atender preocupaciones sociales.
Construyendo confianza y diálogo
El país debe entender que la licencia legal no sustituye la licencia social. La legalidad puede permitir operaciones, pero no garantiza legitimidad ni confianza.
Sin esta última, el desarrollo encontrará sus límites.
Los países compiten por atraer capital, pero también por credibilidad institucional y reglas claras. La minería debe integrarse en una conversación más amplia sobre competitividad, energía y confianza.
Cuanto más aislada se mantenga, más vulnerable será.
El sector minero necesita adoptar un lenguaje más accesible y menos técnico. Es crucial que se enfoque en la pedagogía pública y en la experiencia de las comunidades afectadas por su actividad.
La República Dominicana enfrenta un debate que no puede seguir fragmentado. La competitividad, la formación de talento y la credibilidad institucional son parte de una misma ecuación.
Las oportunidades requieren preparación y articulación.
Es necesario replantear la discusión sobre la minería. No se trata de estar a favor o en contra, sino de definir qué tipo de minería es aceptable en un Estado democrático, bajo qué reglas y con qué beneficios compartidos.
El desarrollo se desacredita no solo al fracasar, sino también cuando no logra convencer. La credibilidad se construye explicando costos, límites y beneficios, y asumiendo la responsabilidad de merecerla.
La República Dominicana no debe elegir entre crecer o proteger su entorno. Debe demostrar que puede lograr ambas cosas con inteligencia institucional y responsabilidad.
La minería formal tiene la tarea de mostrar que puede ser parte de un país moderno y responsable.
Finalmente, la credibilidad del desarrollo se mide en la capacidad de un país para legitimar sus decisiones.
Esta prueba es más evidente donde el desarrollo se convierte en una realidad tangible en el territorio.
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