Más de 60 años después de la revuelta de abril, se recuerda a «Chichilo», un combatiente desaparecido del Ejército Nacional. En Nueva York, se supo que el sargento Flores estaba vivo en Puerto Rico, pero en Santo Domingo nunca se conoció el destino de «Chichilo».
Flores, un soldado puertorriqueño de las fuerzas interventoras estadounidenses, era conocido en el barrio por su amabilidad y por compartir alimentos y golosinas con los vecinos. En una de las jornadas de la revuelta, dos jóvenes, Andrés y el narrador, subieron la empinada calle Barahona, donde llevaban el almuerzo de «Chichilo».
Recuerdos de la batalla
Al llegar al Puente Duarte, se encontraron con una multitud de civiles armados con tubos y palos. Se abrieron paso entre la muchedumbre hasta llegar al lugar donde «Chichilo» operaba una metralleta de patas, calibre 105, parapetado en un peñasco en lo que hoy es la plazoleta La Trinitaria.
El narrador recuerda su vestimenta de pantalón corto y chancletas de goma, en un contexto de miseria. A su alrededor, algunos vecinos quedaron con brazos amputados y una joven conocida como “Azuquita” perdió la vida, todos víctimas de los proyectiles lanzados por aviones P-51.
Tras la batalla entre los miembros del CEFA y los constitucionalistas, el destino de «Chichilo» quedó en el aire. La incertidumbre sobre su muerte persiste, ya que en el país no se conocía de otros que participaron en ese combate. La memoria de aquellos días sigue viva en la comunidad que lo conoció.
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