El Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha iniciado un proceso de consenso interno con el objetivo de fortalecer su estructura política y evitar divisiones que puedan afectar su estabilidad.
La iniciativa busca fomentar el diálogo y la concertación entre sus miembros para renovar la organización y definir candidaturas, en un contexto donde la lucha interna podría llevar a la autodestrucción del partido.
El consenso, según líderes del PRM, no debe ser visto como una debilidad, sino como una manifestación de madurez institucional.
Sin embargo, algunos críticos dentro del partido han sido señalados por haber sido beneficiarios de este mismo mecanismo en el pasado, lo que genera un debate sobre la coherencia de sus posturas actuales.
Un exdirigente del PRM recordó que en procesos anteriores, aquellos que se oponían a la selección por consenso eran considerados “ovejas negras”.
A pesar de sus esfuerzos por reorganizar el partido y acercarse a organizaciones sociales, el resultado no fue el esperado, lo que llevó a una reflexión sobre la necesidad de un reencuentro entre facciones internas.
El exdirigente también destacó que la falta de cohesión ha permitido que la dirección nacional del partido en Santo Domingo justifique su permanencia en el poder, mientras que los vínculos afectivos entre los miembros se han debilitado.
En este sentido, enfatizó la importancia de abrir el partido a nuevas voces y de crear un equipo de voceros que promuevan las iniciativas del PRM en los medios.
Además, propuso la creación de una comisión de gestión empresarial para financiar proyectos y la implementación de una escuela de formación política que atraiga a profesionales calificados.
La idea es descentralizar el partido, especialmente en Nueva York, y fomentar una competencia sana que beneficie a las regiones.
El consenso, según el exdirigente, debe ser entendido como un mecanismo político que previene fracturas innecesarias.
En un partido joven como el PRM, la unidad es esencial para su supervivencia. La falta de transparencia y reglas claras en la aplicación del consenso ha sido identificada como un problema, ya que puede llevar a percepciones de imposición por parte de las cúpulas.
La historia política dominicana ha demostrado que figuras como Joaquín Balaguer y Juan Bosch utilizaron el consenso como herramienta para mantener la cohesión y la gobernabilidad.
Por lo tanto, el desafío del PRM no es eliminar el consenso, sino perfeccionarlo para que sea más participativo y creíble ante su base.
El exdirigente concluyó que antes de criticar el consenso, los miembros del partido deben reflexionar sobre su propio historial y conducta, recordando que la memoria política, aunque corta, no es inexistente.
La invitación queda abierta para debatir sobre este tema tanto en el ámbito interno como en público.
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