El presidente de Colombia, Gustavo Petro, rechazó las acusaciones de su homólogo ecuatoriano, Daniel Noboa, sobre supuestos vínculos con el narcotraficante José Adolfo Macías, alias Fito.
Este enfrentamiento ha aumentado la tensión entre ambos países, según informaron medios locales.
Durante un consejo de ministros, Petro calificó de “incoherente” la relación que se establece entre él y estructuras criminales.
Afirmó que su Gobierno ha sido fundamental en la lucha contra el narcotráfico, especialmente en la frontera con Ecuador.
El mandatario colombiano también destacó que su administración participó en la captura de alias “Fito”.
Además, denunció que las acusaciones en su contra son parte de una estrategia política para dañar su imagen, vinculándolas a intereses electorales de sectores de extrema derecha.
Defensa de su visita a Ecuador
Petro defendió su visita a la ciudad ecuatoriana de Manta en mayo de 2025, que tuvo un carácter oficial tras asistir a la toma de posesión presidencial en Quito.
Aclaró que, aunque no estaba en su agenda, estuvo acompañado por su equipo de seguridad y del Ejército ecuatoriano.
El presidente colombiano afirmó que hay testigos que pueden confirmar que solo mantuvo reuniones institucionales durante su estancia.
Estas declaraciones buscan desmentir versiones que han alimentado la controversia con el Gobierno ecuatoriano.
La disputa se intensificó después de que Noboa mencionara en una entrevista que Petro habría tenido encuentros con miembros del movimiento Revolución Ciudadana, vinculado al expresidente Rafael Correa y algunos de ellos supuestamente relacionados con alias “Fito”.
Acciones legales y tensiones diplomáticas
Aunque Noboa no afirmó haber presenciado un encuentro directo entre Petro y el narcotraficante, el presidente colombiano anunció que interpondrá una demanda por injuria.
Considera que las declaraciones afectan su reputación y carecen de fundamento.
Petro también señaló que estas acusaciones son parte de una “enemistad” del Gobierno ecuatoriano hacia Colombia, lo que complica aún más el clima político entre ambos países.
La tensión diplomática se agrava por decisiones comerciales, como los aranceles impuestos por Ecuador a productos colombianos.
Este episodio no solo refleja un choque político entre los mandatarios, sino que también plantea desafíos para la cooperación regional en seguridad y comercio.
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