La historia política dominicana cambió para siempre el 10 de mayo de 1998, cuando falleció José Francisco Peña Gómez, un líder que dejó un legado profundo en la democracia moderna del país. Nacido el 6 de marzo de 1937 en la Loma del Flaco, Guayacanes, provincia Valverde, Peña Gómez enfrentó adversidades y ataques motivados por su color de piel a lo largo de su vida. Su muerte, a causa de un edema pulmonar relacionado con el cáncer de páncreas, fue recibida con gran tristeza por la sociedad dominicana.
Peña Gómez, conocido por su carisma y su lema «Primero la gente», se convirtió en el máximo referente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) tras una vida dedicada a la lucha por la justicia social. Después del golpe de Estado de 1963 contra el profesor Juan Bosch, se alzó como voz del pueblo, abogando por el restablecimiento de la Constitución de ese año. Su magnetismo lo llevó a reunir multitudes que veían en él la esperanza de un cambio real.
A pesar de no alcanzar la presidencia, su legado trascendió sus aspiraciones personales. Su oratoria y capacidad de concertación internacional lo llevaron a ocupar la vicepresidencia de la Internacional Socialista, consolidando su influencia a nivel global. Peña Gómez siempre mantuvo su corazón en los barrios y campos dominicanos, donde era venerado y considerado un símbolo de esperanza.
Enfrentó intensas campañas de descrédito y ataques racistas, pero su respuesta fue siempre la unidad. Su última declaración pública, emitida en un spot de televisión días antes de su muerte, reflejó su espíritu de perdón: “Yo amo a mi pueblo, a mi país… Pero yo los perdono”.
Durante su gestión como síndico de la Capital entre 1982 y 1986, demostró que su enfoque iba más allá de la teoría política, promoviendo la descentralización y el bienestar municipal. La noticia de su fallecimiento detuvo al país, y su velorio en el Estadio Olímpico se convirtió en una de las manifestaciones de duelo más grandes en la historia del Caribe.
Al conmemorarse un nuevo aniversario de su partida, la figura de Peña Gómez se mantiene como un faro para las nuevas generaciones. Su nombre, más allá de las siglas partidarias, simboliza resistencia y amor por la patria, y su legado continúa presente en cada conquista democrática en las calles dominicanas.
Te puede interesar...
