Brasil se aproxima a las elecciones presidenciales del 4 de octubre con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva liderando las encuestas frente al senador Flávio Bolsonaro, su principal oponente. Después de varios meses de empate técnico, los últimos sondeos indican que Lula, a sus 80 años, busca la reelección y su cuarto mandato no consecutivo, con un 48,8 % de intención de voto frente al 42,3 % de Bolsonaro en una eventual segunda vuelta.
En la primera vuelta, Lula también ha ampliado su ventaja sobre Bolsonaro, mientras que otros posibles candidatos muestran una intención de voto casi insignificante. Este cambio de tendencia se produce en un contexto donde la candidatura de Flávio Bolsonaro ha enfrentado varios episodios que han debilitado su posición y fracturado el bloque conservador.
Uno de los factores que ha afectado a Bolsonaro fue la revelación de que solicitó financiación al Banco Master para producir una película sobre su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. Este banco, controlado por Daniel Vorcaro, quien se encuentra en prisión por un presunto fraude bancario, ha abierto un nuevo flanco en la campaña opositora.
La situación se complicó aún más cuando la ex primera dama Michelle Bolsonaro anunció que no apoya la candidatura de su hijastro, acusándolo de humillarla. Este conflicto ha generado divisiones internas en el Partido Liberal (PL), afectando su cohesión y debilitando la candidatura de Flávio, ya que el 64,1 % de los encuestados considera que esta crisis impacta negativamente en su campaña.
La tensión aumentó cuando Flávio tardó en desautorizar comentarios de Paulo Figueiredo, un comentarista político que afirmó que las mujeres «no saben votar», lo que intensificó las críticas dentro del sector conservador. Además, Flávio ha estado involucrado en controversias de política exterior, al solicitar un aplazamiento de aranceles contra productos brasileños y defender negociaciones comerciales fuera del Mercosur.
Estas acciones han sido aprovechadas por Lula para acusar a Bolsonaro de traicionar los intereses nacionales, señalando que cuestionar el Mercosur es atacar un pilar fundamental de la inserción internacional de Brasil. En contraste, el oficialismo ha logrado limitar el impacto de las investigaciones que afectan al senador Jaques Wagner, un aliado clave de Lula, quien renunció a su cargo tras ser vinculado a un caso de pagos ilegales.
A pesar de las preocupaciones de los oficialistas sobre cómo la situación de Wagner podría influir en la candidatura de Lula, el sondeo de AtlasIntel sugiere que el impacto ha sido limitado, manteniendo a Lula en una posición favorable en las encuestas.

