El periodista escocés William Alexander Clouston recopila diversas leyendas y creencias alemanas que giran en torno a los cuervos. Una de estas historias, originaria del Tirol, describe a una bandada de cuervos con plumas tan blancas como la nieve, que mantenían limpias tras lavarse en un arroyo.
Según la leyenda, el niño Jesús se acercó a ese arroyo para beber agua, pero los cuervos lo empaparon al salpicar el agua. En respuesta, el niño les dijo: “¡pájaros ingratos! Pueden sentirse orgullosos de su belleza, pero sus plumas, tan blancas como la nieve, se volverán negras y así permanecerán hasta el día del juicio final”.
Otra leyenda, proveniente de los indios sioux de Norteamérica, narra que el líder de los cuervos, que originalmente era blanco, fue castigado por arruinar las cacerías de otras aves. Como castigo, lo lanzaron a una fogata. Aunque logró escapar, su color blanco se perdió, y desde entonces, todos los cuervos son negros.
El poeta argentino Jorge Fondebrider añade que los cuervos son capaces de memorizar y reconocer los rostros de aquellos que consideran enemigos. Esta especie puede transmitir información sobre estas amenazas a otros cuervos, utilizando un lenguaje matizado para comunicarse.
Una encantadora leyenda australiana relata una pelea entre un halcón y un cuervo blanco. Durante el conflicto, el halcón lanza al cuervo sobre cenizas negras. Al recuperarse, el cuervo descubre que no puede deshacerse de las cenizas, y desde entonces, todos los cuervos son negros. Esta historia también menciona que el cuervo traicionó al halcón al esconder parte de la comida que habían pactado compartir, lo que llevó a su castigo de sobrevivir comiendo carne podrida.
Independientemente de la leyenda que se considere, siempre habrá cuervos blancos en nuestro entorno. Sin embargo, al igual que en estas historias, recibirán su castigo, ya sea físico o moral.
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