Las recientes lluvias en Venezuela amenazan el Waraira Repano, conocido como el Ávila, tras los sismos que afectaron la región hace cuatro semanas. Si las precipitaciones superan los 200 milímetros en una semana, se podría desencadenar un colapso hidráulico, advirtió el presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, Feliciano De Santis.
El Waraira Repano, que se extiende por Caracas, el norte de Miranda y el sur de La Guaira, ha sufrido daños superficiales, pero no ha habido desplazamientos significativos en el macizo rocoso. De Santis indicó que el suelo ha mostrado fallas superficiales, pero no se han observado novedades preocupantes.
A pesar de algunos «rasguños» visibles en la montaña, el geólogo enfatizó la necesidad de un monitoreo constante por parte de las autoridades. Resaltó que el verdadero riesgo radica en la posibilidad de un derrumbe mayor que obstruya quebradas, lo que podría provocar aludes.
El ingeniero también explicó que las lluvias excesivas pueden causar saturaciones en los suelos, lo que aumenta el riesgo de deslizamientos. Sin embargo, observó que las canalizaciones de las quebradas en la montaña están en buenas condiciones.
El ministro para Ecosocialismo, Nelson Rodríguez, informó que se han restringido los accesos al parque debido a los desplazamientos de tierra. Actualmente, solo hay un sendero habilitado para visitantes hasta el nivel de guardaparques.
El Waraira Repano, que tiene una altitud de entre 120 y 2,765 metros sobre el nivel del mar y una superficie de aproximadamente 851 kilómetros cuadrados, no sufrió daños estructurales tras los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que han dejado más de 5,300 fallecidos.
De Santis también aseguró que las réplicas de los sismos, que superan las 1,400, no afectarán la montaña, ya que han sido de menor magnitud. Para provocar inestabilidad, se requeriría un sismo de magnitud 5 cercano al área.
La conservacionista Karen Brewer-Carias sugirió la implementación de un plan de evacuación ante posibles crecidas en las quebradas. Propuso organizar grupos para inspeccionar las quebradas más vulnerables y establecer cámaras para monitorear cambios en el agua.
De Santis subrayó la importancia de realizar evaluaciones permanentes y mantener redes meteorológicas y sismológicas para prevenir desastres. Recordó que tras el deslave de La Guaira en 1999, se hicieron canalizaciones para mitigar el impacto de aludes en la población.

