En la política dominicana, los partidos parecen más interesados en captar dirigentes de otras organizaciones que en atraer a los ciudadanos desilusionados con el sistema. Cada semana se repite la escena de un dirigente que abandona su partido para unirse a otro, acompañado de aplausos y discursos que enmarcan la decisión como un signo de fortaleza.
Los partidos celebran estas incorporaciones como logros, pero la realidad es que muchos de estos cambios no representan un crecimiento real, sino simplemente un movimiento de piezas en el mismo tablero político. La práctica de cambiar de partido se ha vuelto habitual, lo que dificulta entender la verdadera motivación detrás de estas decisiones.
La desconexión con los ciudadanos
La pregunta que surge en medio de estas celebraciones es: ¿quién está incorporando nuevos ciudadanos a la política? A pesar de la competencia entre los principales partidos por atraer a dirigentes rivales, la conexión con aquellos que observan la política desde fuera parece desvanecerse.
Una parte significativa de la población se aleja de los partidos, no porque haya decidido no votar, sino porque no perciben diferencias claras entre los candidatos. La repetición de los mismos rostros defendiendo posturas cambiantes debilita la coherencia y, en consecuencia, la confianza de los ciudadanos.
Temas como el costo de la vida, la seguridad y el acceso a oportunidades han pasado a ser más relevantes en la conversación pública que las disputas internas de los partidos. Sin embargo, estos siguen centrados en la competencia por captar dirigentes, ignorando las verdaderas preocupaciones de la ciudadanía.
La paradoja se hace evidente: mientras los partidos se enfocan en la llegada de nuevos dirigentes, los ciudadanos cuentan sus frustraciones. La falta de representación y la percepción de que los colores políticos cambian con facilidad son señales de un riesgo mayor para la democracia.
Reciclar dirigentes puede ser una estrategia común, pero recuperar la confianza de la gente es un desafío mucho más complejo que los partidos parecen no estar dispuestos a enfrentar.
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