Las campañas electorales del siglo XXI se desarrollan principalmente en el ámbito de las percepciones, donde la forma en que los ciudadanos ven las posibilidades de triunfo de un candidato puede alterar su comportamiento electoral. Comprender la relación entre los efectos top dog, bandwagon y underdog es esencial para interpretar la dinámica de las democracias modernas.
Estos tres conceptos, aunque a menudo se estudian de manera independiente, forman parte de una secuencia psicológica. El top dog representa la consolidación del liderazgo; el bandwagon es la expansión de ese liderazgo mediante la adhesión de nuevos electores; y el underdog refleja la reacción emocional de quienes apoyan al competidor que perciben en desventaja.
El efecto top dog se manifiesta cuando un candidato proyecta una imagen de liderazgo, experiencia y viabilidad electoral. Esta percepción puede derivar de una trayectoria política sólida, una organización eficiente o una comunicación estratégica efectiva. Lo crucial es la convicción colectiva de que el candidato tiene mayores probabilidades de ganar.
Las investigaciones de Daniel Kahneman sobre atajos cognitivos ayudan a entender este fenómeno. En situaciones complejas, los individuos utilizan heurísticos que simplifican la toma de decisiones. En política, la percepción de que un candidato lidera la competencia actúa como una señal de confianza, reduciendo la incertidumbre del proceso electoral.
Asimismo, Robert Cialdini explicó que la prueba social lleva a las personas a considerar correcto lo que es respaldado por una mayoría. En el ámbito político, el liderazgo del top dog se convierte en un mecanismo de atracción, donde los ciudadanos pueden modificar su conducta al interpretar que hay una opción viable con posibilidades reales de gobernar.
El bandwagon surge como consecuencia de un liderazgo consolidado. La confianza genera expectativas de victoria, que atraen nuevos apoyos y refuerzan la percepción de liderazgo, creando un ciclo de retroalimentación positiva donde la percepción influye en la realidad política.
Las aportaciones de Elisabeth Noelle-Neumann complementan esta idea, mostrando que muchos ciudadanos tienden a alinearse con la opinión que consideran mayoritaria. Por su parte, Maurice Duverger demostró que el comportamiento electoral no solo depende de preferencias individuales, sino también de la percepción de viabilidad de las opciones políticas.
Las campañas modernas buscan construir esta percepción a través de encuestas, respaldos públicos y comunicación digital, con el objetivo de proyectar un liderazgo sólido y competitivo. El fin es instalar en la mente del elector la idea de que hay un candidato con capacidad real de gobernar.
No obstante, esta secuencia perceptiva no es irreversible. Un liderazgo que transmite arrogancia o desconexión puede activar el efecto underdog, donde el electorado comienza a simpatizar con quien enfrenta al poder desde una posición de desventaja. En este caso, la fortaleza del líder puede generar resistencia en lugar de adhesión.
La realidad política dominicana de cara a 2028 ofrece un escenario propicio para analizar esta teoría. La competencia dependerá de qué liderazgo logre proyectar mayor credibilidad y expectativa de triunfo. El liderazgo de Leonel Fernández es un caso relevante para examinar cómo un liderazgo consolidado puede activar el efecto bandwagon, siempre que esa percepción de viabilidad se mantenga en la opinión pública.

