La Autopista del Ámbar, que conecta Santiago y Puerto Plata, se presenta como un motor clave para el crecimiento económico de la República Dominicana. Esta obra de infraestructura no solo reducirá los tiempos de viaje, sino que también tiene el potencial de transformar la dinámica económica de la región. Su construcción busca integrar economías complementarias que actualmente operan por debajo de su capacidad debido a la distancia efectiva.
La Autopista del Ámbar se enmarca en un contexto donde la infraestructura de transporte es fundamental para el desarrollo económico. Según el economista Paul Krugman, la reducción de costos de transporte favorece la concentración de empresas y trabajadores, generando economías de aglomeración que elevan la productividad. Este enfoque resalta la importancia de las carreteras no solo como vías de conexión, sino como enlaces entre mercados, conocimiento y capital.
La experiencia de la Autovía del Coral, inaugurada en 2012, ofrece un claro ejemplo de cómo una carretera puede impactar significativamente en la economía. Desde su apertura, la conexión entre Santo Domingo y Punta Cana ha transformado la dinámica territorial, multiplicando la población de Verón y aumentando la capacidad hotelera en la región. Este cambio demuestra que la infraestructura puede facilitar el desarrollo privado al reducir costos de conectividad.
El Gran Santiago, que incluye a Santiago, Moca y La Vega, es un centro industrial y comercial vital en el país, mientras que Puerto Plata se destaca como un importante destino turístico. Con más de 25 mil habitaciones de corta estadía y un crecimiento en el turismo de cruceros, ambas economías tienen el potencial de beneficiarse enormemente de una mejor conectividad. La Autopista del Ámbar facilitará el acceso estratégico al océano Atlántico para la región del Cibao.
Santiago, con más de un millón de habitantes y cerca de 100 mil estudiantes universitarios, alberga 16,858 empresas formales que generan más de 263 mil empleos. Sin embargo, a pesar de sus fortalezas, estas economías permanecen desconectadas. La distancia entre Santo Domingo y Punta Cana, similar a la que hay entre Santo Domingo y Puerto Plata, se recorre en menos tiempo, lo que subraya la importancia de la infraestructura en la movilidad.
El debate sobre la construcción de carreteras a menudo se centra en el costo inmediato, pero es crucial considerar el costo de no construirlas. Los estudios económicos muestran que la inversión en infraestructura pública genera beneficios significativos, como la reducción del tiempo de viaje y el aumento de la productividad. En una economía abierta como la dominicana, donde el turismo y las exportaciones son motores de crecimiento, la conectividad es esencial.
La Autopista del Ámbar se plantea como una inversión estratégica que puede expandir la frontera productiva del país. Su impacto no debe medirse solo por el flujo de vehículos, sino también por la inversión privada que atraerá y los empleos que generará. La infraestructura es un impulsor del crecimiento, y su importancia radica en su capacidad para transformar la geografía económica de la región.
En conclusión, la Autopista del Ámbar tiene el potencial de cambiar la historia económica del norte dominicano, integrando mercados y facilitando el desarrollo. La infraestructura es un elemento clave para el futuro del país, y su construcción podría ser un paso decisivo hacia un crecimiento sostenido y sostenible.

