En el Caribe, hay expresiones que reflejan realidades complejas. Una de ellas es “se mató como Chacumbele”, que describe a quienes, por imprudencia o desesperación, provocan su propia caída.
Esta frase ilustra lo que está ocurriendo en la política dominicana hoy.
El accionar de Jochy Gómez no se puede calificar como un acto de valentía o estrategia.
Más bien, se trata de un movimiento torpe y peligroso. En el ámbito político, especialmente en medio de investigaciones, hay límites que no se deben cruzar sin consecuencias.
Al intentar involucrar al presidente Luis Abinader y a su colaborador Eilyn Beltrán en el escándalo del Caso Camaleón, su estrategia parece forzada y obsoleta.
Esta táctica de “si caigo, nos vamos todos” se basa en ruido y confusión, pero la justicia opera con pruebas, no con percepciones.
Investigación Formal y Consecuencias
El caso en cuestión involucra a Aurix S.A.S. y su relación con Transcore Latam S.R.L..
Se trata de un contrato de más de RD$1,317 millones para modernizar el sistema semafórico del Gran Santo Domingo, adjudicado en 2023.
Este contexto ha intensificado la presión sobre Gómez.
Cuando alguien señalado por corrupción intenta involucrar a figuras de alto perfil sin evidencias sólidas, no está defendiendo su inocencia.
Más bien, está cavando su propia tumba política y judicial. Este acto no es valentía, sino desesperación, y la desesperación suele culminar en fracaso.
Si no logra respaldar sus afirmaciones con pruebas, las consecuencias serán devastadoras: pérdida de credibilidad y un agravamiento de su situación legal.
En la República Dominicana, el público ya está familiarizado con la táctica de intentar arrastrar a otros para diluir responsabilidades, pero este enfoque ha perdido efectividad.
Demandas de la Sociedad
La sociedad actual exige nombres, pero también pruebas. Las denuncias deben estar sustentadas y la justicia debe actuar como un verdadero instrumento de consecuencias.
Cuando la defensa se convierte en un espectáculo, es porque el fondo del caso no resiste.
Al final, la verdad no se construye señalando a otros. Se sostiene o se derrumba por sí misma.
En este caso, parece que alguien ha decidido jugar su última carta, arriesgándose a terminar como Chacumbele: provocando su propia caída.
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