El geógrafo y científico británico, Allan Lavell, destacó la importancia de la prevención en la gestión integral de riesgos de desastres y protección civil (GIRDyPC) durante un encuentro cultural y social. Lavell subrayó que, a pesar de los avances, muchas instituciones en América Latina aún se enfocan en la atención reactiva a desastres, priorizando la ayuda humanitaria y la rehabilitación sobre la prevención de las causas estructurales que generan vulnerabilidades sociales.
Este enfoque reactivo, que se centra en la respuesta inmediata ante fenómenos naturales, antrópicos o tecnológicos, no aborda adecuadamente las raíces de los desastres. Según expertos, la atención al desastre requiere menos conocimiento científico y se basa más en la experiencia empírica, lo que limita el desarrollo de políticas públicas sostenibles en el tiempo.
La necesidad de un enfoque híbrido
Para lograr una gestión integral del riesgo de desastres, es esencial combinar la atención a desastres con un enfoque preventivo. Esto implica diseñar estrategias que no solo prevengan eventos adversos, sino que también reduzcan sus efectos y preparen a las comunidades para responder ante situaciones de peligro inminente.
A pesar de los marcos de acción de Hyogo (2005) y Sendai (2015), que buscan aumentar la resiliencia global, muchos países latinoamericanos, incluida la República Dominicana, siguen operando bajo legislaciones que priorizan la atención al desastre. Esto se traduce en un enfoque más discursivo que en una transformación estructural efectiva.
La Ley No. 147-02, que rige el sistema nacional ante emergencias, refleja un enfoque limitado hacia la gestión de riesgos, dejando a la Comisión Nacional de Emergencia con un abordaje débil en este ámbito. Esto dificulta la articulación de políticas públicas sólidas y afecta el cumplimiento de los objetivos de la Agenda 20-30.
Inversión en gestión para mitigar desastres
Es fundamental mantener la atención a desastres, pero también es crucial invertir más recursos en la gestión para evitar la repetición de efectos devastadores. Factores como el cambio climático, asentamientos en zonas de riesgo y desigualdades económicas son protagonistas en la vulnerabilidad de las comunidades.
La transición de un enfoque reactivo a uno preventivo busca reducir la vulnerabilidad y anticiparse a las amenazas. Aunque no se pueden evitar todos los desastres, es posible mitigar sus efectos destructivos, fortaleciendo así la capacidad de respuesta de las instituciones y aumentando la resiliencia comunitaria.
Implementar políticas de gestión del riesgo puede disminuir significativamente la magnitud de los desastres y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos en zonas vulnerables. Sin embargo, la falta de transparencia y la corrupción administrativa en América Latina complican este proceso, ya que la atención al desastre a menudo prioriza la respuesta inmediata sobre el control fiscal.
La verdadera evolución en la gestión de desastres radica en construir sociedades menos vulnerables y más resilientes ante las amenazas presentes y futuras.
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