A menos de dos años de las elecciones de 2028, la Fuerza del Pueblo enfrenta una paradoja política: desea desplazar al PRM del poder, pero aún debe demostrar que cuenta con la energía, el discurso y la determinación para convertirse en una verdadera alternativa de gobierno.
La oposición liderada por Leonel Fernández parece debatirse entre denunciar los problemas del oficialismo y esperar que su desgaste le abra las puertas del poder. Sin embargo, en política, esperar que el adversario pierda no es lo mismo que convencer al país de que uno merece gobernar.
La oposición no se mide por la cantidad de declaraciones o críticas, sino por su capacidad de convertir las preocupaciones ciudadanas en propuestas concretas. Temas como el alto costo de la vida, la inseguridad y el deterioro de los servicios públicos exigen soluciones creíbles, no solo denuncias.
El liderazgo de Leonel Fernández es uno de los principales activos de la Fuerza del Pueblo, pero también plantea el desafío de construir una dirección colectiva y proyectar nuevas ideas. La presencia pública de Omar Fernández abre el debate generacional, aunque la renovación de un partido no puede depender únicamente de la popularidad de una figura.
Las tensiones internas han trascendido públicamente, y aunque las diferencias son normales, cuando las disputas por posiciones desplazan la agenda nacional, la imagen de cohesión puede resentirse. La competencia con el PLD por el liderazgo opositor puede consumir más energías que la construcción de una alternativa.
El tiempo que resta antes de las elecciones debe aprovecharse para presentar un programa reconocible y discutir soluciones a los principales problemas nacionales. La Fuerza del Pueblo necesita pasar de la denuncia a la propuesta y establecer compromisos verificables con la sociedad.
El poder no se conquista por herencia del desgaste ajeno, sino convirtiendo la frustración en esperanza y la crítica en propuestas. La Fuerza del Pueblo puede aspirar legítimamente a gobernar, pero debe demostrar por qué representa una alternativa convincente para el país.
La pregunta queda planteada: ¿está la Fuerza del Pueblo preparándose para conquistar el poder o confiando demasiado en que el PRM se lo ponga en las manos?

