El primer ministro de Francia, Sébastien Lecornu, admitió fallos en el dispositivo de seguridad durante los disturbios del pasado fin de semana y anunció un operativo policial «masivo» para el próximo sábado, cuando están previstas nuevas manifestaciones de los chalecos amarillos y de estudiantes. Lecornu reconoció que el despliegue policial fue «demasiado estático» y que no se movilizaron suficientes agentes para hacer frente a los incidentes.
El jefe del Gobierno enfatizó que la prioridad es «recuperar el orden de forma inmediata» y defendió los toques de queda parciales en varias ciudades, argumentando que han ayudado a restablecer la calma. Además, atribuyó los actos vandálicos a una planificación organizada por grupos de extrema izquierda y ultraizquierda, aunque estas acusaciones deberán ser respaldadas por las investigaciones correspondientes.
Durante la sesión de control al Gobierno, Lecornu mencionó la detención de uno de los presuntos responsables del incendio del Ayuntamiento de Limoges, que ocurrió durante los disturbios. Según el primer ministro, el sospechoso estaba en los registros policiales por su supuesta vinculación con movimientos de ultraizquierda, y su arresto forma parte de las indagaciones para esclarecer el ataque.
Por su parte, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, acusó al partido izquierdista La Francia Insumisa (LFI) de «echar más leña al fuego» en medio de la tensión social. Nuñez también destacó que uno de los diputados de esa formación tiene vínculos con uno de los grupos de ultraizquierda mencionados por el Gobierno.
Las autoridades francesas se están preparando para las nuevas movilizaciones del sábado, en un contexto donde las críticas al operativo policial anterior han aumentado y se han implementado medidas para prevenir nuevos episodios de violencia. La situación sigue siendo tensa mientras se espera el desarrollo de las manifestaciones.

