La economía francesa enfrenta una paralización tras la contracción del PIB y el aumento de la inflación, que alcanzó el 3,4% interanual en octubre, según el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (Insee). El PIB se contrajo un 0,2% en el primer trimestre y se estancó en el segundo, lo que ha llevado al ministro de Economía y Finanzas, Roland Lescure, a declarar que la economía está paralizada desde 2026.
Lescure atribuyó esta situación a una combinación de factores internos y externos, como las olas de calor del verano y las tensiones geopolíticas en el estrecho de Ormuz, que han incrementado los precios de los combustibles. Además, advirtió sobre la necesidad de una recuperación presupuestaria, enfatizando que un déficit público del 5% o menos es «absolutamente indispensable».
El proyecto de presupuesto del Gobierno para 2027 busca reducir el déficit al 5% del PIB, en comparación con el 5,4% registrado en 2026. Sin embargo, su aprobación es incierta debido a la falta de mayoría parlamentaria y la cercanía de las elecciones presidenciales, donde la extrema derecha liderada por Marine Le Pen es favorita en los sondeos.
Francia también enfrenta una ola de protestas por el aumento del coste de la vida y las demandas estudiantiles, que han generado disturbios significativos en los últimos años. El retroceso del PIB en el tercer trimestre se debe a una fuerte contracción de las exportaciones, que cayeron un 1,7%, especialmente en el sector de equipos de transporte, que vio una disminución del 9,1%.
A pesar de que las importaciones se mantuvieron estables con un crecimiento del 0,1%, el consumo de los hogares aumentó un 0,4%, superior al 0,2% del segundo trimestre. Estos datos complican el objetivo del Gobierno de alcanzar un crecimiento del 0,5% este año.
La elevada deuda y el déficit de Francia han encarecido la financiación del Estado en las últimas semanas, lo que añade presión a la ya complicada situación económica del país.

