El ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot, afirmó este miércoles que la democracia en Estados Unidos está «viva y muy viva» tras la victoria de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato, que registraron una participación récord. Barrot destacó que el presidente Donald Trump reconoció el buen desempeño de sus rivales en estos comicios.
Durante la sesión semanal de preguntas al Gobierno en la Asamblea Nacional francesa, el ministro calificó la situación como una «excelente noticia para la democracia estadounidense». Afirmó que los electores acudieron masivamente a las urnas para hacer oír su voz, con una participación que alcanzó un «récord absoluto», impulsada por la movilización de los jóvenes y el cambio en la orientación electoral de varios estados.
Barrot también subrayó que los comicios se llevaron a cabo sin problemas y que los resultados no han sido impugnados. Resaltó que el propio presidente de Estados Unidos ha admitido el éxito de los candidatos demócratas, lo que ofrece lecciones para la política interna francesa a seis meses de las elecciones presidenciales en Francia.
El ministro enfatizó que este evento es una demostración de que, en democracia, es el pueblo quien escribe su propia historia. Añadió que ni los algoritmos ni los intereses privados pueden hacerlo en su lugar. También mencionó que algunos en Francia se alegrarán por este resultado, mientras que otros, como el presidente del partido ultraderechista Agrupación Nacional (RN), Jordan Bardella, podrían sentirse decepcionados.
Barrot se dirigió irónicamente a Bardella y sus seguidores, expresando un «pensamiento afectuoso» hacia ellos y deseando que se recuperen. Sin embargo, advirtió que Europa no debe distraerse de la necesidad de reforzar su independencia estratégica, independientemente de las decisiones políticas en Estados Unidos.
El ministro afirmó que hace tiempo que Estados Unidos ha reorientado sus prioridades hacia el Pacífico, advirtiendo a Europa que es momento de hacerse cargo de sí misma. En este contexto, defendió la aceleración de la construcción de una Europa más fuerte, próspera y democrática.
Barrot concluyó que el objetivo debe ser convertir a Europa en una «superpotencia democrática» que ofrezca una tercera vía a los países que, como Francia, no desean ser vasallos de nadie y aspiran a seguir siendo libres.

