La FIFA confirmó que un total de 288,007 espectadores asistieron a los cuatro partidos disputados el 22 de junio, marcando un récord en la historia de la Copa del Mundo.
El partido entre Noruega y Senegal, celebrado en Nueva York-Nueva Jersey, fue el más concurrido, con 80,663 aficionados en el estadio, seguido por el encuentro de Argentina y Austria en Dallas, que reunió a 70,649 personas.
El partido entre Jordania y Argelia atrajo a 68,371 espectadores en el estadio de la Bahía de San Francisco, mientras que Francia-Irak tuvo 68,324 asistentes en Filadelfia.
A pesar de las quejas sobre los altos precios de las entradas, que superaron los US$600 en las categorías principales de la fase de grupos, los aficionados demostraron que su pasión por el fútbol prevalece sobre las consideraciones financieras.
El deseo de vivir el evento en vivo superó las barreras económicas, a pesar de que muchos hinchas extranjeros señalaron que asistir a un solo partido equivalía a meses de salario en sus países.
La situación se complicó con la implementación de un sistema de precios dinámicos por parte de la FIFA, lo que elevó los costos de las entradas conforme avanzaba la primera semana del torneo.
Datos de plataformas como TicketData indican que, tras el inicio del campeonato, los precios de los boletos para partidos destacados aumentaron más del 100%.
Los encuentros más atractivos alcanzaron precios superiores a US$4,000 en el mercado secundario, evidenciando que la demanda se mantuvo fuerte a pesar de las críticas que anticipaban gradas vacías.
El mercado de la reventa también operó a niveles sin precedentes, con la FIFA permitiendo a los usuarios fijar precios en función del mercado. Sin embargo, la institución retiene cerca del 30% del valor total de cada transacción en comisiones, lo que ha generado controversia.
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