El maestro Felipe Augusto Lamouth es un pilar fundamental en la historia de la contabilidad en la República Dominicana, especialmente en Hato Mayor del Rey, donde su legado ha contribuido a que la provincia cuente con una de las mayores densidades de Contadores Públicos Autorizados (CPA) del país. Desde la década de 1960, Lamouth no solo enseñó sobre finanzas, sino que también dejó una huella imborrable en la educación y en la vida de sus estudiantes.
Nacido en San Pedro de Macorís, Lamouth se formó como licenciado en Contabilidad y se trasladó a Hato Mayor, donde estableció su hogar y crió a sus cinco hijos. Su nombre se asocia estrechamente con el Instituto Comercial Baldomero Vásquez, una institución clave en la formación técnica de la región durante las décadas de 1960 a 1980, donde se enseñaban prácticas de mecanografía y contabilidad.
En el Baldomero Vásquez, Lamouth compartió su experiencia con otros educadores destacados, como el profesor César Cáceres. A pesar de su carácter reservado, su agudeza mental y su habilidad para resolver problemas complejos lo convirtieron en un referente en el campo de la contabilidad.
Su enfoque pedagógico se caracterizaba por una combinación de rigor académico y calidez humana, lo que le permitió ganarse el cariño y respeto de sus estudiantes. Muchos de los contadores que hoy lideran importantes empresas en la región recuerdan con gratitud la dedicación y paciencia de Lamouth.
Tras el cierre del instituto, Lamouth continuó su labor como consultor en su hogar, donde se convirtió en el asesor de confianza de los negocios locales. Además de llevar las cuentas, se destacó como redactor de documentos formales y traductor, utilizando su dominio del inglés para ayudar a la comunidad.
El 28 de agosto de 2014, el estado dominicano reconoció su trayectoria al otorgarle una pensión especial mediante un decreto presidencial del entonces presidente Danilo Medina. Aunque el monto de la pensión era modesto, simbolizaba un reconocimiento a su dedicación al servicio público.
Junto a Lamouth, otros contadores de renombre también fueron jubilados, resaltando la importancia de su contribución al desarrollo del país. Su legado perdura en la comunidad, donde su influencia se siente en cada contador que trabaja con dedicación y excelencia.
Felipe Augusto Lamouth dejó un legado que trasciende lo técnico, recordando que la contabilidad es un arte humano que él supo cultivar y enseñar a amar en Hato Mayor.

