El exjugador de la NBA y comentarista de los Chicago Bulls, Stacey King, falleció este domingo a los 59 años, según informó la franquicia a través de un mensaje en sus redes sociales. El equipo expresó su tristeza por la pérdida de este tricampeón de la NBA, resaltando su legado tanto en la cancha como en los medios.
King se unió a los Bulls en 1989 tras ser seleccionado en la sexta posición del draft, proveniente de la Universidad de Oklahoma, donde destacó en el baloncesto universitario. Durante cinco temporadas, fue parte de la dinastía liderada por Michael Jordan, logrando tres campeonatos consecutivos de la NBA entre 1991 y 1993.
En 1994, fue transferido a los Minnesota Timberwolves en un intercambio que llevó al pívot Luc Longley a Chicago. A lo largo de su carrera, también jugó para los Miami Heat, Boston Celtics y Dallas Mavericks, completando un total de ocho temporadas en la liga.
Después de su retiro como jugador, King comenzó a entrenar en la Continental Basketball Association (CBA) antes de incursionar en los medios de comunicación. Su carisma y conocimiento del baloncesto lo hicieron popular entre los aficionados de los Bulls.
Desde mediados de la década de 2000, se consolidó como analista y comentarista de las transmisiones del equipo, ganándose el cariño de los fanáticos por su estilo apasionado y frases icónicas, como “¡Dame la salsa picante!”, que utilizaba en momentos clave de jugadores como Derrick Rose y Jimmy Butler.
El propietario de los Bulls, Jerry Reinsdorf, lamentó la pérdida y recordó a King como “una de las personalidades más únicas en la historia de la organización”, subrayando su conexión con la ciudad de Chicago y varias generaciones de seguidores.
El presidente y director ejecutivo de la franquicia, Michael Reinsdorf, destacó que King “amaba ser un Bull” y que su energía y entusiasmo fortalecieron la relación entre el equipo y su afición.
Los Chicago Bulls han anunciado que rendirán homenaje a Stacey King durante la temporada 2026-2027, en reconocimiento a su trayectoria que dejó una huella imborrable en el baloncesto profesional y en la historia de la organización.

