El excongresista de Florida, David Rivera, fue hallado culpable de conspiración en Miami, relacionado con una campaña para influir en el Gobierno de EE. UU. y suavizar las sanciones al régimen de Nicolás Maduro. La decisión se produjo este viernes, tras un juicio que duró cinco semanas.
Rivera enfrentó además cargos por registro como agente extranjero y lavado de dinero, junto a la asesora política Esther Nuhfer. Ambos podrían recibir una pena de hasta 10 años de prisión.
Durante el juicio, el actual secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, testificó en contra de Rivera. Rubio, quien no enfrentó cargos, compartió que se conoció con el excongresista en los años noventa y que en 2017 tuvieron dos reuniones para discutir un plan que buscaba facilitar la salida de Maduro y promover elecciones en Venezuela.
La fiscalía argumentó que Rivera fue contratado por la petrolera estatal venezolana para persuadir a la administración de Trump de aliviar las sanciones contra el régimen de Maduro. Este último fue capturado el 3 de enero por el Gobierno de Trump y enfrenta cargos de narcotráfico en Nueva York.
Esta acusación contrasta con la imagen pública que Rivera intentaba proyectar, de ser un ferviente opositor a los regímenes de Cuba y Venezuela. El fiscal Roger Cruz afirmó durante el juicio que, a pesar de su imagen de anticomunista, Rivera trabajaba en secreto para el régimen de Maduro.
A pesar de las evidencias, Rivera se declaró inocente, argumentando que su intención era derrocar al Gobierno de Maduro. Además, defendió que no tenía la obligación de registrarse como agente extranjero, ya que su contrato era con la rama estadounidense de la petrolera venezolana.
El veredicto del jurado representa un importante desenlace en un caso que ha captado la atención pública y política en EE. UU. Rivera ahora espera la sentencia, que podría marcar un capítulo final en su carrera política.
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