El ejército de Estados Unidos llevó a cabo una nueva serie de ataques aéreos contra Irán el sábado, tras el ataque de Teherán a un portacontenedores en el estrecho de Ormuz. Este es el tercer ataque realizado por Estados Unidos en la semana, según el Mando Central de Estados Unidos (Centcom).
Los ataques se produjeron después de que fuerzas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica atacaran al M/V GFS Galaxy, un portacontenedores con bandera de Chipre. Centcom indicó que Estados Unidos busca imponer un alto costo a Irán, debilitando su capacidad para atacar a embarcaciones civiles y comerciales en la región.
El presidente Donald Trump ordenó los ataques, según el comunicado de Centcom. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirmó que «Irán tomó una mala decisión» y que «pagará» las consecuencias de sus acciones.
En un contexto de creciente tensión, los Guardianes de la Revolución iraníes anunciaron que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado «hasta nuevo aviso». Esto ocurrió después de que dispararan advertencias a un barco que navegaba por una «ruta no autorizada».
La situación en la región se ha intensificado, generando preocupación por el impacto en el tráfico marítimo y la seguridad en una de las rutas más importantes para el comercio global. Los ataques de Estados Unidos son una respuesta directa a las provocaciones iraníes, que han escalado en las últimas semanas.
El estrecho de Ormuz es crucial para el transporte de petróleo y otros bienes, y su cierre podría afectar significativamente los mercados internacionales. La comunidad internacional observa de cerca los acontecimientos, dado el potencial de un conflicto mayor en la región.
Este nuevo episodio de hostilidades resalta la fragilidad de las relaciones entre Washington y Teherán, con implicaciones que podrían extenderse más allá de la zona del conflicto.

