Cada día aumenta el número de dirigentes políticos en República Dominicana que ignoran las opiniones de la ciudadanía, enfocándose únicamente en lo que la prensa decide callar. Para mantener este silencio, han establecido una alianza cada vez más evidente con los llamados «periodistas dominantes».
Como señala Ignacio Ramonet en su obra «La Explosión del Periodismo», se ha creado una categoría profesional desconectada de la realidad, donde los periodistas carecen de contacto con la sociedad y se encuentran en estrecha relación con una clase política que ha perdido su credibilidad.
En el país, esta situación no solo es evidente, sino que se exhibe en los medios de comunicación. Los vemos en horarios estelares, actuando como si estuvieran por encima de la estructura social, asumiendo actitudes de divinidades mediáticas.
Estos periodistas, favorecidos por quienes manejan el Estado, son expertos en encubrir irregularidades y mantener el silencio sobre la impunidad. Esto genera una percepción de un vínculo peligroso entre la política y los medios.
Con la aparente aprobación de algunos propietarios de medios, imponen una información que se convierte en mercancía. Se invitan mutuamente, comparten espacios en restaurantes de moda y disfrutan de vacaciones en lugares paradisíacos.
Cuando se presentan a debatir, el resultado es predecible: una ceremonia donde se intercambian elogios y críticas superficiales, esperando obtener favores a cambio. Ramonet describe esta dinámica como una corte frívola y mundana.
Esta pseudo-nobleza, que antes atraía a los medios tradicionales, también ha captado la atención de figuras en redes sociales, respaldadas por el poder del algoritmo. Cuando el periodismo se convierte en cómplice en lugar de ser un contrapoder, la democracia pierde su fuerza.
El «cuarto poder» debe ser la voz de los que no tienen voz, no el altavoz de quienes actúan de manera deshonesta. El periodismo auténtico requiere un compromiso firme: un espacio libre y sin complacencias para ofrecer información veraz y objetiva.
La prensa es, en esencia, la artillería de la libertad, y cuando esta se dirige contra el pueblo en vez de protegerlo, deja de ser prensa.

