En una tarde en Yarkara, Tomás, un discípulo del Maestro, se acercó a él con una expresión de preocupación. Durante su caminata por el valle, había descubierto en sí mismo una capacidad para distinguir entre la sinceridad y la hipocresía en las personas que lo rodeaban.
Tomás explicó que, al observar los gestos y palabras de la gente, comenzó a identificar al mentiroso, al traidor y al cínico, sintiendo inicialmente alegría por este nuevo entendimiento. Sin embargo, esa alegría se transformó en tristeza al darse cuenta de la gran cantidad de falsedad que había a su alrededor.
La Revelación del Maestro
El Maestro, sin sorprenderse, le respondió que lo que había descubierto no era un don, sino una forma de ver que se activa al dejar de engañarse a uno mismo. Tomás reconoció que ya no podía ignorar lo que antes le pasaba desapercibido.
El Maestro le advirtió que ver con claridad conlleva una responsabilidad: no se trata de despreciar a los demás, sino de comprenderlos. Esta reflexión hizo que Tomás bajara la mirada, sintiendo que su tristeza ahora adquiría un nuevo significado.
Esa noche, mientras el viento soplaba desde la montaña, Tomás entendió que su descubrimiento no lo alejaba de los demás, sino que le exigía convivir con ellos desde una nueva conciencia. Aceptar lo que veía, sin dejar de observarlo, se convirtió en su nuevo desafío.
Esta experiencia se extrae de la obra inédita «El Maestro de Yarkara reflexionando en la montaña: narraciones reflexivas», que invita a la reflexión sobre la verdad y la comprensión en las relaciones humanas.
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