La polarización actual en la sociedad se refleja en cómo las ideologías se consumen de manera rápida y superficial, similar a un plato de arroz instantáneo. Este fenómeno, impulsado por la hiperconectividad digital, ha llevado a que las opiniones se prioricen sobre el pensamiento crítico, generando un entorno donde la viralidad eclipsa la veracidad.
El filósofo español José Ortega y Gasset ya anticipaba este fenómeno en su obra «La rebelión de las masas», donde describía al «hombre masa» como alguien que carece de historia y se somete a consignas internacionales. Este individuo, que asume derechos sin obligaciones, se manifiesta con hostilidad hacia el liberalismo y la pluralidad, y se siente cómodo defendiendo la vulgaridad y la incoherencia.
En este contexto, es común que se critique el endurecimiento de las sanciones por difamación en el Código Penal dominicano, mientras se ignoran las restricciones a la libertad de prensa en otros países, como El Salvador, donde el presidente Nayib Bukele es aclamado a pesar de las graves vulneraciones a los derechos humanos. La hipocresía se hace evidente al aplaudir políticas migratorias que contradicen principios de justicia y equidad.
Además, se observa una doble moral al denunciar un «genocidio» religioso contra cristianos, mientras se minimiza la limpieza étnica en la Franja de Gaza. La figura de Cristo se ha derechizado, ignorando el sufrimiento de poblaciones afectadas por la violencia, lo que refleja una falta de coherencia en las posturas adoptadas por quienes se dicen pro-vida.
Ortega y Gasset señalaba que la sociedad tiende a reclamar derechos sin asumir compromisos. Así, se exige libertad de expresión mientras se evaden responsabilidades sobre el discurso de odio y la desinformación. Este comportamiento revela una desconexión con lo local, donde los fracasos son vistos como ajenos y los logros como extranjeros.
La reflexión de Ortega sobre la izquierda y la derecha como formas de «hemiplejía moral» resuena en la actualidad. Celebrar la caída del Muro de Berlín mientras se justifican nuevas divisiones en Palestina es un claro ejemplo de incoherencia. Esta situación nos invita a cuestionar el uso de la religión y la ciencia en la promoción de la paz y el bienestar social.
Es fundamental evitar el consumo de ideologías simplistas y superficiales. La preparación de ideas, al igual que la del buen arroz, requiere tiempo, sabiduría y atención a los detalles. Solo así podremos discernir entre lo que realmente nutre y lo que puede resultar perjudicial.

