En el conflicto entre el presidente salvadoreño Nayib Bukele y las pandillas haitianas, la desinformación se ha convertido en un factor predominante, afectando la percepción pública y la narrativa en el ecosistema digital. Recientemente, The New York Times publicó un artículo que Bukele desmintió, pero un medio haitiano, Le Quotidien 509, difundió un video que cuestionó la versión oficial del presidente.
Este fenómeno de desinformación afecta a ciudadanos, periodistas y analistas, quienes pueden confundir declaraciones persuasivas con hechos verificables. La capacidad de los líderes, tanto políticos como pandilleros, para comunicarse directamente con sus audiencias ha complicado aún más la situación, ya que ambos pueden presentar narrativas que favorecen sus intereses.
La legitimidad y la responsabilidad de cada actor son diferentes, pero esto no exime a los ciudadanos de la necesidad de verificar las afirmaciones que se presentan. La popularidad de un gobernante no implica que cada declaración suya deba ser aceptada como verdad, así como la condena a las pandillas no justifica atribuirles hechos sin evidencia.
La dificultad de discernir la realidad se agrava con la circulación de videos auténticos que pueden llevar a conclusiones erróneas si no se consideran su contexto, fecha y origen. La inteligencia artificial también ha facilitado la creación de contenido engañoso, lo que complica aún más la tarea de verificar la información.
Las expectativas de las personas pueden influir en su percepción de la verdad. Los admiradores de Bukele pueden aceptar versiones que favorezcan su imagen, mientras que sus detractores pueden estar más dispuestos a creer en cualquier noticia negativa relacionada con él. Además, el miedo que generan las pandillas puede llevar a exageraciones sobre su poder y capacidad.
El caso de los restos humanos encontrados en Haití ejemplifica esta incertidumbre. The New York Times reportó que podrían corresponder a cuatro militares salvadoreños desaparecidos, pero Bukele lo negó, presentando documentos de un soldado chadiano como parte de su defensa. Sin embargo, el video divulgado por Le Quotidien 509, en el que un militar afirmaba estar vivo, complicó la situación al cuestionar la relación entre los documentos y los restos.
Este episodio resalta la importancia de diferenciar entre posibilidades, declaraciones y comprobaciones. Un documento encontrado en una zona no es suficiente para identificar un cadáver, y un video debe ser verificado en términos de identidad y contexto. La responsabilidad del periodismo radica en esclarecer lo que se sabe y lo que aún está en duda.
Para República Dominicana, la proximidad con Haití hace esencial un enfoque riguroso en la verificación de información. Los rumores pueden intensificar temores y distorsionar el análisis de eventos que podrían tener repercusiones en el país.
Es posible desear el rescate de los militares y condenar a las pandillas, al mismo tiempo que se exige evidencia y se reconoce lo que aún se desconoce. La aceptación de versiones sin verificación nos deja vulnerables a la desinformación y a la manipulación de quienes buscan influir en nuestra comprensión del conflicto.

