La transformación del modelo productivo ante cambios globales se ha vuelto una necesidad urgente, especialmente para economías como la dominicana, que dependen de la importación de petróleo. Recientes acuerdos entre el presidente Xi Jinping y el presidente Donald Trump han generado expectativas de estabilidad económica, aunque el tiempo dirá si estos propósitos se concretan.
Las proyecciones económicas para 2025 en América Latina, que se basaban en la contención de la inflación y la estabilidad cambiaria, han tenido que ser revisadas debido a nuevas circunstancias internacionales. Esto ha llevado a muchos países a readecuar sus presupuestos para garantizar la estabilidad económica en un entorno volátil.
La falta de producción de petróleo en países como el nuestro exige una reprogramación rigurosa de los presupuestos y un diseño efectivo de subsidios a los combustibles. La iniciativa de China en favor de la paz mundial resalta la importancia de la concertación en un contexto internacional complicado.
Las economías emergentes, incluida la dominicana, enfrentan dificultades significativas en los próximos seis meses, debido a perturbaciones externas. La contracción de la liquidez y otros efectos colaterales amenazan la actividad productiva, lo que obligará a una reestructuración de sectores empresariales y financieros.
Las empresas deberán fortalecer su solidez patrimonial y competitividad a través de estrategias más eficientes. A pesar de la crisis, las instituciones financieras dominicanas han mantenido indicadores satisfactorios de solvencia y liquidez.
Para enfrentar la crisis, se requieren planes operativos que implementen estímulos fiscales efectivos. Se estima que, tras la etapa crítica de aproximadamente seis meses, estas medidas ayudarán a reactivar sectores dinámicos de la economía.
Sin embargo, los ajustes de mercado, como la reducción de salarios reales, generan malestar social y afectan la demanda agregada. A pesar de esto, el sector privado mantiene balances sólidos y las finanzas públicas han sido manejadas con prudencia, aunque persiste la preocupación por el déficit fiscal.
El año pasado, el crecimiento del PIB se desaceleró a un 2.1 %, el nivel más bajo en 15 años. Sin embargo, en 2026, la economía ha mostrado cierta resiliencia gracias a sectores como el turismo y las remesas, que han aportado significativamente en el primer trimestre.
Para enfrentar una posible recesión mundial, se necesitarían estímulos fiscales equivalentes al 2 % del PIB, aproximadamente 215 mil millones de pesos. Aumentar las exportaciones y la inversión extranjera sería clave para revertir el panorama adverso.
La transformación hacia un nuevo modelo económico, centrado en zonas francas tecnológicas para la fabricación de semiconductores, podría posicionar a la República Dominicana como un referente regional de crecimiento sostenible y generar empleos de calidad.
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