Los trinitarios, quienes jugaron un papel fundamental en el inicio del proyecto independentista dominicano, enfrentan actualmente una dispersión ideológica que contrasta con su gloriosa actuación en 1844. A pesar de su valentía y contribuciones al establecimiento de la República, la inconsistencia en su pensamiento y acciones se hizo evidente tras el grito de independencia, lo que afectó su legado histórico. Esta situación se refleja en la reciente biografía del patriota Juan Pablo Duarte, escrita por el historiador Orlando Inoa, donde se analizan las decisiones de figuras como Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella.
Inconsistencias en la trayectoria de los trinitarios
Tras la proclamación de la independencia, varios trinitarios, como Sánchez, se alinearon con líderes políticos como Buenaventura Báez, lo que generó críticas sobre su compromiso con la causa patriótica. Sánchez, aunque declinó una candidatura vicepresidencial en 1856, reconoció a Báez como el candidato más apto para la presidencia. Por su parte, Mella se convirtió en seguidor de Pedro Santana, mientras que Juan Nepomuceno Ravelo adoptó posturas anexionistas, firmando un acta a favor de la Madre Patria.
Otros trinitarios, como Juan Isidro Pérez, enfrentaron problemas personales que afectaron su capacidad de acción, mientras que Pedro Alejandrino Pina, aunque mantuvo su patriotismo, optó por la ciudadanía venezolana y se exilió. José María Serra se ausentó del país tras la caída de Jiménez y se estableció en Puerto Rico, dedicándose al periodismo y la enseñanza, mientras que Félix María Ruiz se trasladó a Venezuela y nunca regresó.
Estas decisiones reflejan una falta de coherencia en la ideología y el compromiso de algunos trinitarios, lo que ha llevado a cuestionar su estatus como verdaderos patricios. La historia muestra que un patricio debe ser medido no solo por su participación en el acto fundacional, sino también por su consistencia en los principios que defendió. La opacidad en las decisiones de algunos trinitarios tras la independencia contrasta con la claridad de la visión de Duarte, quien permanece como un símbolo de lealtad y firmeza en la lucha por la patria.
La fragilidad en la postura de estos líderes se ha convertido en un patrón recurrente en la política dominicana, donde el interés personal a menudo prevalece sobre los principios. Al distanciarse de Duarte, los trinitarios redujeron su relevancia histórica, alejándose de lo que significa ser un verdadero patricio. Esta realidad pone de manifiesto la importancia de la coherencia ideológica en la construcción de una nación libre y soberana.

