La Cámara de Diputados ha asignado los escaños en la circunscripción plurinominal, un proceso que prioriza a las organizaciones políticas que no lograron obtener escaños en las diputaciones territoriales o del exterior, siempre que hayan superado el 1% de los votos válidos. Este sistema, considerado mixto, comienza con la adjudicación de cinco escaños a las organizaciones que cumplan con este criterio, distribuyéndolos en orden de mayor a menor votación.
En una segunda etapa, si quedan escaños por asignar, estos se distribuyen entre las organizaciones que sí obtuvieron representación, siguiendo un esquema de “descarte” que otorga un escaño por partido, según el orden de votación, hasta completar la distribución. Este método ha mostrado que, a pesar de su intención de dar representación a partidos minoritarios, en la práctica, muy pocas pequeñas entidades logran superar el 1% de los votos, quedando excluidas de la Cámara Baja.
Los grandes partidos, por lo tanto, terminan siendo los principales beneficiarios de un sistema que, a priori, no estaba diseñado para favorecerlos. Aunque la circunscripción nacional busca mitigar los sesgos de las circunscripciones territoriales desproporcionadas al considerar a todos los votantes, el tamaño reducido de estas circunscripciones limita la efectividad de las fórmulas proporcionales.
En este contexto, no se aplican métodos de asignación de escaños como el método D´Hondt, lo que resalta las limitaciones del sistema actual. La interacción entre el diseño del sistema electoral y el tamaño de la circunscripción puede generar resultados diversos, dependiendo de cómo se combinen estos factores.
Es crucial entender que, al hablar del tamaño de la circunscripción electoral, no se refiere únicamente a su extensión territorial, sino a la cantidad de escaños que se disputan. Este enfoque puede influir significativamente en la representación política dentro de la Cámara de Diputados.

