En 1930, el béisbol estadounidense enfrentó una crisis económica severa debido a la Gran Depresión, que afectó a millones de trabajadores. En medio de esta situación, Babe Ruth firmó un contrato por 80,000 dólares, un récord en la época, lo que generó controversia sobre su salario en comparación con el del presidente Herbert Hoover.
La depresión impactó gravemente la asistencia a los juegos, ya que muchos aficionados no podían costear el precio del boleto, que era de 50 centavos. Equipos como los Cafés de San Luis promediaron menos de 1,500 aficionados por partido, y otros, como los Rojos de Cincinnati y los Bravos de Boston, estuvieron al borde de la quiebra.
Ante la crisis, los dueños de equipos comenzaron a vender a sus mejores jugadores para mantener sus operaciones. Por ejemplo, el propietario de los Senadores de Washington vendió a su yerno, el destacado parador en corto Joe Cronin.
A pesar de la crisis, el rendimiento en el bateo se mantuvo alto. En 1930, el promedio de bateo en la Liga Nacional fue de .303, y los Filis de Filadelfia, a pesar de terminar en último lugar, contaron con ocho jugadores que batearon por encima de .300.
Los Filis, apodados el equipo más triste de la liga, se vieron forzados a mudarse al estadio de los Atléticos, donde convivieron entre 1901 y 1954. Su propietario, conocido como Gerry Nugent, fue apodado «el Pobre Gerry Nugent» debido a su incapacidad para mantener al equipo en la competencia.
En 1933, el presidente Franklin Delano Roosevelt, un gran aficionado al béisbol, se expresó sobre la situación del país utilizando metáforas del juego, señalando que no tenía esperanzas de «conectar de hit» en medio de la crisis.
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