La reforestación productiva del zapote en Jamao, entre Espaillat y Hermanas Mirabal, ha impulsado la economía local y ha respondido a una crisis ambiental. Desde los años noventa, pequeños productores organizados han sembrado esta fruta como parte de un sistema agroforestal que protege el suelo y genera ingresos. Este modelo ha transformado la región en el principal polo nacional de zapote, demostrando que la productividad puede nacer de la montaña y el agua.
El Clúster del Zapote, que integra a 516 agricultores, enfrentó un desafío crítico en el que contaba con 25 millones de unidades de zapote sin salida comercial. La clave del problema no era la falta de producción, sino la necesidad de transformar y agregar valor a la fruta. La diferencia entre producción y productividad se hizo evidente: se trataba de procesar y conservar el zapote para evitar pérdidas significativas antes de llegar al mercado.
Transformación del modelo agrícola
El paso del clúster agrícola al clúster industrial fue crucial. Con el apoyo del Instituto de Innovación en Biotecnología e Industria (IIBI), se logró enviar zapote en polvo a Estados Unidos y Europa, lo que amplió el alcance comercial y el valor agregado del producto. Este modelo de negocio abarca desde la finca hasta la exportación, donde cada eslabón contribuye a la productividad del sistema.
La cooperativa COOPADEPE juega un papel fundamental en este proceso, no solo como entidad financiera, sino como símbolo de asociacionismo productivo. La organización y confianza entre productores, junto con la asistencia técnica, permiten que las fincas se integren en un sistema económico más amplio. Esta estructura demuestra que el desarrollo rural requiere más que solo recursos naturales; necesita organización y capacidad de negociación.
La zona franca es esencial en este modelo, ya que permite la comercialización y el procesamiento del zapote, convirtiéndolo en parte de una cadena agroindustrial. Esto evita que los productores se limiten a vender materia prima y les permite participar en la economía del valor agregado. Los resultados son visibles en la variedad de productos que se pueden obtener del zapote, incluyendo polvo para helados y néctar.
La innovación también ha surgido de restricciones sanitarias, ya que Estados Unidos no permitía la entrada del zapote en estado natural, pero sí de su versión transformada. Esto llevó a la creación de productos como zapote deshidratado y néctar, abriendo nuevas oportunidades de mercado. En 2025, se reportó que la planta procesadora había desarrollado varios productos destinados principalmente a la exportación.
Este modelo no es solo un ejemplo de nostalgia productiva, sino una respuesta a los desafíos de la economía rural moderna. La productividad en Jamao demuestra que es posible producir con calidad, reducir pérdidas y diversificar hacia otros cultivos. La experiencia de Jamao resalta la importancia de considerar la productividad desde una perspectiva más amplia, que incluya la recuperación de cuencas y la organización de los productores.
La República Dominicana debe estudiar más a fondo experiencias como la de Jamao, especialmente en un contexto de cambio climático y baja productividad agrícola. Este caso ilustra que la reforestación y la producción pueden coexistir y que un modelo bien diseñado puede integrar el medio ambiente y la economía. La lección es clara: un árbol puede ser más que naturaleza; puede ser infraestructura económica que beneficia a la comunidad.
Te puede interesar...
