A pesar de la creciente tensión política entre Estados Unidos y Cuba, los habaneros no perciben una guerra inminente. En La Habana Vieja, Arminda de la Cruz, de 56 años, expresa su preocupación por la crisis económica y energética que enfrenta la isla, priorizando la supervivencia diaria en medio de la escasez de alimentos y agua.
De la Cruz, quien trabaja como vigilante en una empresa estatal, comparte que su refrigerador está casi vacío y que su familia de siete personas, incluidos tres niños, apenas tiene agua. «Tratamos de no pensar en eso (la guerra), porque tenemos muchos problemas», comenta mientras intenta distraerse con música.
El gobierno cubano ha reafirmado su derecho a la defensa, advirtiendo que cualquier agresión de Estados Unidos podría resultar en un «baño de sangre». En este contexto, De la Cruz sugiere que lo mejor sería que ambos gobiernos llegaran a un acuerdo.
Perspectivas en La Habana
En las calles de La Habana, la preocupación y el escepticismo son comunes. Olaida Pozo, ama de casa de 52 años, recuerda que durante décadas ha habido amenazas de Estados Unidos sin que se materialicen en un conflicto bélico. «Siempre es la misma amenaza (…) y hasta el momento nunca en la vida ha sucedido este tipo de casos de bombardeo ni guerra», expresa.
Alexis Pérez, un constructor de 28 años, también considera que «una guerra nunca va a ser buena» y enfatiza que lo urgente es un cambio en la situación actual. Muchos jóvenes, según él, ven la migración como la única salida ante la falta de soluciones a sus problemas en Cuba.
Pérez ha tomado precauciones, acumulando algunos productos siguiendo las recomendaciones de la Defensa Civil, aunque no cree que ocurra algo tan dramático como una guerra. «Tenemos algunos recursos preparados, no como al extremo quizás dramático de una mochila con todo para correr», añade.
Otros, como Osvaldo Mendoza, un constructor de 61 años, rechazan la idea de una intervención militar. «La salida no sería una invasión», afirma, subrayando la necesidad de un desarrollo económico para mejorar la calidad de vida en el país. «Aquí lo que tiene que cambiar es el sistema», concluye.
Beatriz, una militar retirada de 40 años, también se opone a la idea de una guerra. «No me he preparado en ese sentido, porque no pienso que tengamos que llegar a esos extremos», dice, aunque reconoce que deben haber cambios para el bienestar del pueblo.

