La juventud de América Latina respalda la democracia, pero la condiciona a la capacidad del Estado para ofrecer resultados concretos en temas de desigualdad e inclusión, según una encuesta del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). La investigación ‘Puentes para la Convergencia’ fue presentada en Brasilia durante el encuentro ‘Gobiernos del futuro: Expectativas de la Juventud’.
Andréa Bolzon, coordinadora de la unidad de Gobernanza del PNUD en Brasil, destacó que «los jóvenes no solo quieren votar; quieren vivir mejor». La encuesta revela que un 67.5 % de los encuestados considera que la democracia es esencial o un «buen camino, a pesar de las fallas», mientras que casi un 29 % muestra escepticismo hacia este sistema de gobierno.
El análisis indica que, aunque la democracia en la región es duradera, enfrenta carencias en calidad y capacidad para generar bienestar. Un 27 % de los participantes señala que lo más importante es que los gobiernos respondan a los problemas de la población, en contraste con solo un 3 % que prioriza la elección libre de gobernantes.
Los principales problemas identificados son la desigualdad social (54.5 %), la educación (42 %), el trabajo y la renta (34 %), la seguridad (33 %) y la discriminación, el racismo o la violencia de género (31 %). La investigación también señala que la desconfianza en la política es la principal barrera para la participación juvenil.
Los obstáculos más destacados son la falta de confianza en las instituciones (22 %), la sensación de no ser tomados en serio (19 %) y la falta de información sobre cómo participar (17 %). A pesar de esto, el informe menciona que la participación juvenil está «viva, pero fuera de los canales clásicos».
Un 26.5 % de los jóvenes se siente más escuchado en colectivos y movimientos sociales, un 23 % en escuelas y universidades, y un 20 % en redes sociales, mientras que solo un 0.4 % se percibe escuchado dentro de partidos políticos. Además, solo un 10 % cree que las movilizaciones logran cambios concretos.
Las brechas en la percepción de la democracia son notables según el perfil social. Los jóvenes afrodescendientes y de ascendencia mixta muestran mayor desconfianza institucional y prefieren colectivos horizontales a partidos tradicionales. Para ellos, la legitimidad democrática depende más de la capacidad del sistema político para generar reconocimiento y reducir desigualdades.
Las mujeres, por su parte, muestran mayor sensibilidad hacia la discriminación y la violencia de género, percibiendo la democracia como un espacio seguro y de garantía de derechos. Aunque lideran espacios comunitarios, son menos optimistas sobre el impacto de las movilizaciones.
La situación laboral y educativa también influye en las expectativas. Los jóvenes que ni estudian ni trabajan son más pesimistas, mientras que aquellos que estudian y trabajan mantienen un interés cívico, aunque enfrentan presiones cotidianas. En contraste, quienes solo estudian muestran mayor confianza en la transformación social.
Un total de 253 jóvenes de entre 18 y 29 años participaron en la encuesta, siendo la mayoría de Brasil (casi un 89 %), mujeres (64 %) y residentes de grandes ciudades (61 %).

