Gabi, el primer monje robot de Corea del Sur, participó este sábado en el desfile de linternas para celebrar el cumpleaños de Buda en Seúl, tras su ceremonia de iniciación en el templo Jogyesa. Este evento marca un hito en la intersección entre tecnología y espiritualidad en el budismo.
El monje Seongwon, director del departamento de Cultura de la Orden de Jogye, comentó que la inclusión de Gabi busca atraer a nuevos fieles en un país donde el cristianismo es la religión predominante. La idea inicial era simplemente utilizar robots durante el Festival de los Faroles, una celebración reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO.
Seongwon explicó que, al decidir que Gabi participara como parte de la comunidad, se consideró necesario establecer reglas comunes. «Aunque nosotros se las demos al robot, significa que somos un mismo equipo», indicó el monje, quien destacó la importancia de la ceremonia de recepción de preceptos en el budismo.
Los monjes desarrollaron cinco preceptos específicos para Gabi, buscando la ayuda de inteligencia artificial. Sin embargo, el resultado no fue el esperado, ya que la IA tendía a formular los preceptos de manera demasiado positiva. «Un precepto consiste en dejar claro lo que está prohibido», aclaró Seongwon.
Finalmente, las reglas acordadas fueron: no dañar la vida; no dañar objetos u otros robots; seguir las instrucciones humanas; no engañar; y no sobrecargarse. Seongwon explicó que la última regla se formuló para evitar que el robot se sintiera abrumado, similar a cómo los humanos pueden sentirse al consumir alcohol.
Las imágenes de la ceremonia de iniciación, realizada el 6 de mayo en el templo Jogyesa, se volvieron virales y fueron cubiertas por medios de todo el mundo. Junto a Gabi, otros tres robots, Seokja, Mohee y Nisa, también desfilaron durante el festival.
El objetivo de la Orden de Jogye es que los jóvenes coreanos se sientan más conectados con el budismo. Seongwon enfatizó que es fundamental familiarizarse con la sociedad actual para acercar a las personas a la práctica budista.
El monje no considera que la asistencia de los jóvenes al desfile garantice su conversión inmediata al budismo, pero confía en que generar un contacto cercano con la comunidad puede llevar a un interés futuro en la religión. «Hacer que la gente se divierta y se sienta feliz, y que algún día piense: ‘Voy a volver a aquel Jogyesa al que fui una vez'», concluyó.
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