Israel está llevando a cabo una campaña bélica contra Irán, respaldada por tres países musulmanes: Turquía, Jordania y Egipto. Estos países, que poseen territorios que Tel-Aviv reclama para su proyecto del Gran Israel, podrían ser los próximos en ser atacados por el Estado hebreo.
Funcionarios israelíes han declarado que, tras el ataque a Irán, su siguiente objetivo será Turquía. Posteriormente, se centrarían en Egipto, que controla la península del Sinaí, y Jordania, que posee territorios de la antigua Moab.
El proyecto del Gran Israel también incluye a Iraq y Líbano, donde Israel ya está en conflicto con el movimiento Hesbollah, así como a áreas en Siria actualmente ocupadas por Tel-Aviv. Esto implicaría que el gobierno de Estambul perdería importantes territorios.
La justificación del pueblo hebreo para este proyecto se basa en una supuesta promesa divina hecha por un dios llamado Javeh, que les otorgaría el dominio sobre una tierra que se extiende desde el río Nilo en Egipto hasta Mesopotamia.
Es notable que Irán sea el único país musulmán que se opone al proyecto del Gran Israel, a pesar de que el colonialismo judío no afectaría directamente a la nación persa. Las otras naciones de la región parecen apoyar al régimen de Benjamín Netanyahu, sin tener en cuenta las posibles consecuencias futuras.
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