Las plataformas tecnológicas están influyendo en las percepciones colectivas y en la democracia, que ya no se limita al día de las elecciones. Ahora, la democracia comienza desde que las personas utilizan sus teléfonos móviles, recibiendo una avalancha de información que a menudo carece de análisis y contexto. Esta situación afecta la convivencia democrática, que requiere tiempo para pensar y escuchar.
Durante años, se pensó que la democracia se sostenía en instituciones y elecciones libres, pero el entorno digital ha adquirido un papel igual de relevante. En este espacio, se forman opiniones y se manipulan emociones, convirtiendo a las redes sociales en una plaza pública donde circulan tanto verdades como mentiras, siendo estas últimas las que suelen difundirse más rápidamente.
El ecosistema digital favorece el contenido que genera indignación, lo que resulta en una conversación pública cargada de emociones y falta de racionalidad. Sin embargo, la democracia necesita un diálogo constructivo, donde se pueda disentir sin atacar al adversario.
Régimen híbrido digital
Investigaciones recientes sugieren que estamos ingresando a un «régimen híbrido digital», donde las sociedades mantienen elecciones y estructuras democráticas, pero la información está condicionada por plataformas tecnológicas y algoritmos no democráticos. Estas plataformas no son neutrales y tienen el poder de influir en percepciones colectivas y preferencias políticas.
Además, la crisis del periodismo tradicional agrava la situación, ya que muchas personas obtienen información fragmentada a través de redes sociales y creadores de contenido. La autoridad informativa ya no depende de la verificación de hechos, sino de la cercanía y entretenimiento que ofrezca el emisor.
En la República Dominicana, esta transformación es evidente, con la circulación de rumores en grupos de WhatsApp y redes sociales, donde la información se reenvía sin verificación. Esto genera un ambiente de desconfianza hacia las instituciones y los medios, afectando la convivencia ciudadana.
Desafíos y oportunidades
A pesar de estos desafíos, los jóvenes muestran un interés renovado por la política, aunque desconfían de discursos vacíos y estructuras tradicionales. Exigen transparencia y resultados concretos, lo que indica un cambio en la forma de relacionarse con la política.
La inteligencia artificial presenta tanto oportunidades como riesgos, especialmente en términos de manipulación y desigualdad. Sin un marco regulatorio adecuado, podría concentrar aún más poder en manos de unos pocos.
El desafío actual es reconstruir una cultura democrática basada en la credibilidad y la responsabilidad colectiva. Proteger la democracia implica no solo salvaguardar el voto, sino también fomentar una conversación pública respetuosa y un pensamiento crítico.
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