El Partido Laborista del Reino Unido ha sufrido una significativa derrota en las elecciones locales y regionales, perdiendo más de 1,400 concejales en toda Inglaterra, lo que ha aumentado la presión sobre el primer ministro Keir Starmer. Esta situación ha llevado a voces dentro del partido a exigir su dimisión, mientras Starmer busca un plan urgente para mantener su cargo.
Los laboristas han visto cómo su influencia se ha debilitado en regiones históricas como Gales, donde han pasado a ser la tercera fuerza política, superados por los independentistas de Plaid Cymru y la derecha populista de Reform UK. En Escocia, aunque mantuvieron la segunda posición en porcentaje de voto, perdieron cuatro escaños y empataron en asientos con Reform UK.
La ex ministra principal de Gales, Eluned Morgan, anunció su dimisión como líder del partido en la región tras los resultados. Además, Anas Sarwar, líder laborista en Escocia, también perdió su asiento en el Parlamento de Edimburgo.
A pesar de que los comicios eran locales y regionales, sus resultados se interpretan como un plebiscito sobre la continuidad de Starmer al frente del Gobierno británico. En menos de dos años, su popularidad ha disminuido considerablemente, lo que ha beneficiado a Reform UK, que ha ganado más de 1,400 concejales en Inglaterra y ha logrado representación en los Parlamentos de Gales y Escocia.
Starmer, en un encuentro con medios en Londres, reconoció que los resultados eran «muy duros», pero afirmó que no tiene intención de dimitir y que prefiere trabajar en una nueva hoja de ruta para recuperar la confianza de los votantes. «Es lo que pretendo hacer en los próximos días», declaró.
En un artículo en The Guardian, Starmer asumió los «errores innecesarios» de su Gobierno, incluyendo recortes a las ayudas para pensionistas y el nombramiento del exministro Peter Mandelson como embajador en Washington, a pesar de sus vínculos con el pedófilo Jeffrey Epstein.
Como parte de su estrategia, Starmer ha nombrado al ex primer ministro Gordon Brown como su nuevo enviado especial para Finanzas y Cooperación Global, y a la exvicepresidenta del Partido Laborista Harriet Harman como asesora en temas de mujer. Estos nombramientos buscan reforzar su autoridad interna en un momento crítico.
Sin embargo, las voces que piden un nuevo liderazgo dentro del partido continúan creciendo. La diputada Catherine West expresó en la red social X que el partido necesita un nuevo líder para cumplir con sus promesas de cambio. Otro diputado, Tony Vaughan, sugirió que el partido está «maniatado» por los errores de Starmer y abogó por una «transición ordenada» hacia un nuevo líder.
A día de hoy, no hay un reemplazo claro para Starmer, con nombres como el del ministro de Sanidad Wes Streeting, el alcalde de Mánchester Andy Burnham, y la exvice primera ministra Angela Rayner sonando como posibles sucesores.
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