LA HABANA. – El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, hizo un llamado este jueves a todos los ciudadanos de la isla para que participen en la marcha del Primero de Mayo.
Esta convocatoria se enmarca en un contexto de alta tensión bilateral con EE.UU., a quien el mandatario señala como responsable de «groseras amenazas imperiales».
La marcha del Primero de Mayo, que lleva el lema “La Patria se defiende”, busca ser un símbolo de unidad interna y soberanía ante la posibilidad de una intervención militar por parte de Washington.
Díaz-Canel enfatizó la importancia de esta movilización en sus redes sociales, instando a los cubanos a unirse en la defensa de su país.
“Marchemos unidos: trabajadores, campesinos, estudiantes, intelectuales, artistas, deportistas, cubanas y cubanos todos, contra el bloqueo genocida y las groseras amenazas imperiales a nuestro país”, expresó el presidente en su mensaje.
Este llamado resalta la necesidad de cohesión entre diferentes sectores de la sociedad cubana.
Marcha por la paz y la defensa nacional
El mandatario también destacó que este Primero de Mayo, todos los cubanos están convocados a “un desfile por la paz”, subrayando la relevancia de este concepto en su mensaje.
La narrativa del Gobierno cubano ha estado enfocada en vincular esta marcha con la defensa nacional, una estrategia comunicativa que se ha reforzado en los últimos días.
La marcha se llevará a cabo en la Tribuna Antiimperialista José Martí, donde se realizará el acto central, frente a la Embajada de EE.UU.
en La Habana. Desde 1959, esta fecha ha sido utilizada como una marcha oficialista, convocada por el sindicato único Central de Trabajadores de Cuba (CTC), caracterizada por su tono festivo y progubernamental.
A lo largo de las décadas, el evento ha sido marcado por los extensos discursos del expresidente Fidel Castro, quien en el año 2000 presentó su concepto de revolución, que abarca principios de unidad, independencia, defensa, igualdad y libertad.
Este legado continúa influyendo en la narrativa del Gobierno actual.
Desde principios de año, EE.UU. ha intensificado su presión sobre Cuba, exigiendo reformas económicas y políticas en la isla.
Esta presión se ha manifestado en un bloqueo petrolero que ha agravado la crisis estructural que ya enfrentaba el país.
En la última semana, la tensión ha aumentado, con Washington advirtiendo que no tolerará bases militares o de inteligencia de “adversarios” como China en la isla.
La Habana, por su parte, ha calificado estos argumentos como “pretextos falaces” que buscan justificar una posible intervención militar.

