La reciente decisión de Quinn Ellis, destacado jugador del Olimpia Milano y MVP de la Copa de Italia, de unirse a St.
John’s bajo la dirección de Rick Pitino, marca un cambio significativo en el baloncesto universitario.
Este armador británico, de 23 años, ha optado por jugar un año en la NCAA por un contrato de cuatro millones de dólares.
Hace cinco años, un jugador con el perfil de Ellis habría sido considerado «inelegible» para la NCAA si hubiera tenido un contrato profesional.
Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente, reflejando una transformación en las normas del deporte universitario.
Este cambio se debe principalmente a la implementación de las reglas de NIL (Nombre, Imagen, Semejanza) en 2021, que permiten a los estudiantes recibir compensación por su imagen.
Además, las reformas de elegibilidad adoptadas por la NCAA han facilitado que los prospectos jueguen en ligas profesionales sin perder su estatus.
Reformas en la NCAA
Las nuevas normativas de la NCAA permiten que los jugadores hayan competido en ligas profesionales, siempre que no hayan firmado contratos que superen los gastos necesarios para participar.
Esto ha abierto la puerta a talentos como Ellis, quien supuestamente rechazó ofertas en Europa de entre 4 y 5 millones de dólares.
Los programas de élite en la NCAA están manejando presupuestos de NIL que rivalizan con los salarios de la Euroliga, lo que ha llevado a la NCAA a convertirse en una liga profesional de facto.
Esta situación ofrece a los jugadores una exposición mediática sin igual.
Aunque Ellis será considerado un estudiante becado ante la universidad, su realidad financiera es la de un profesional, gracias a los contratos de imagen que ha gestionado su entorno. Este cambio en el modelo de «amateurismo puro» refleja la nueva realidad del deporte universitario en un mercado global.

